El 17 de febrero de 2003, en Amberes, Bélgica, ocurrió “el atraco del siglo”, considerado el mayor robo de diamantes de la historia. Este hecho, que acaparó la atención mundial, fue calificado por los cronistas de la época como una operación “de guante blanco”, ya que no se utilizó la fuerza ni se ejerció violencia. El botín fue valuado en 100 millones de dólares y tuvo lugar en el “Barrio de los diamantes”, el distrito de gemas más grande del mundo.
El robo se llevó a cabo en el Centro Mundial de Diamantes (AWCD), un edificio con 13 pisos y 225 oficinas comerciales dedicadas a los diamantes, conocido por su seguridad infranqueable. Sin embargo, el 17 de febrero, los guardias de seguridad encontraron la puerta de la bóveda entreabierta, lo que llevó a una rápida respuesta del Escuadrón Diamante de Amberes, el único del mundo especializado en estas gemas.
El robo del siglo
Los investigadores se enfrentaron a un desafío monumental, ya que para acceder a la bóveda se requería sortear múltiples sistemas de seguridad, incluyendo una cerradura que cambiaba semanalmente y tenía más de 100 millones de combinaciones posibles. Además, había que atravesar detectores de calor y rayos infrarrojos que activaban la alarma ante cualquier movimiento.
El documental de Netflix “Los diamantes de Amberes: El robo del siglo” presenta por primera vez a los protagonistas de esta historia, incluyendo a los detectives Agim de Bruycker y Patrick Peys, quienes resolvieron el caso y conocen los secretos detrás del atraco.
Las bolsas de basura
Una pista clave surgió cuando un granjero encontró residuos y restos de papeles en su propiedad, que contenían referencias a “Amberes” y “diamantes”. Esta llamada a la policía llevó a los investigadores a descubrir empaques de diamantes y otros objetos relacionados con el robo.
Entre los hallazgos, se encontraron documentos que apuntaban a una oficina italiana en el AWCD, cuyo inquilino era Leonardo Notarbartolo, un joyero con antecedentes en robos de diamantes. La investigación reveló que Notarbartolo había planeado el robo durante dos años y había reclutado a un grupo de especialistas en el crimen.
El golpe se ejecutó el 15 de febrero, un día en que la mayoría de los comerciantes de diamantes estaban ausentes debido al Sabbath judío. Notarbartolo, que había sido designado como “campana” para reconocer a la seguridad, logró que el robo se realizara sin ser detectado.
Sin embargo, el robo no fue perfecto. Durante la huida, Notarbartolo desechó las pruebas en bolsas de basura que fueron encontradas por la policía, lo que llevó a su arresto. Aunque inicialmente negó ser el cerebro del plan, las evidencias apuntaron a él como el líder de la operación.
Finalmente, Notarbartolo fue sentenciado a diez años de prisión, y aunque cumplió seis, nunca se recuperaron los diamantes robados. Hoy, vive en un pequeño pueblo en Italia, con un perfil bajo y sin remordimientos por su participación en el robo.
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