El cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, ha sido testigo del lanzamiento del cohete Soyuz-2.1b que ha puesto en órbita la misión Bion-M No. 2. Este proyecto de la agencia espacial rusa, Roscosmos, es un paso crucial en la investigación de los efectos de la microgravedad y la radiación cósmica sobre los organismos vivos. A bordo no viajan humanos, sino moscas y ratones, entre otros organismos.
Una variada tripulación en la nave
En esta misión se encuentran 75 ratones, más de 1,000 moscas de la fruta, cultivos celulares, microorganismos y semillas de plantas. Durante un mes, estos ‘bionautas’ orbitarán la Tierra en una trayectoria polar a una altitud que los expondrá a niveles de radiación cósmica significativamente más altos que los que se experimentan en la Estación Espacial Internacional.
Un “hotel para ratones” de alta tecnología
Los protagonistas de esta misión son los 75 ratones, que viajarán en un habitáculo especialmente diseñado: un “mini hotel” espacial. Cada unidad está equipada con sistemas de alimentación, iluminación, ventilación y eliminación de residuos para garantizar su bienestar durante el viaje. Además, se han implantado chips en algunos de los roedores para poder monitorizar sus constantes en tiempo real.
Los científicos han dividido a los ratones en tres grupos para poder comparar los resultados. El primero permanecerá en la Tierra en condiciones normales, conocido como ‘grupo control’. El segundo vivirá en un laboratorio terrestre en equipos de vuelo idénticos a los del satélite. El tercer grupo será el que viaje al espacio, lo que permitirá aislar los efectos del vuelo espacial de otras variables.
Por qué se eligen a ratones
El ratón se ha convertido en un sujeto de pruebas ideal en investigación biomédica debido a su genética similar a la humana, su ciclo de vida corto y su bajo costo de mantenimiento. Además, son muy sensibles a la radiación, lo que los convierte en sujetos ideales para estudiar los efectos de este fenómeno físico.
Tiene importantes implicaciones para nuestra salud
El objetivo de esta misión es determinar cómo la radiación cósmica afectará a los astronautas que viajen a la Luna o Marte. La radiación puede dañar el ADN celular, aumentando los riesgos de cáncer a largo plazo. Se busca cuantificar el daño real y probar contramedidas como blindajes para naves y fármacos que eviten estos efectos indeseables.
Los resultados también podrían tener aplicaciones médicas en la Tierra, proporcionando información para combatir el envejecimiento, ya que la rápida pérdida de masa ósea y muscular en astronautas es un modelo perfecto para estudiar la osteoporosis y sarcopenia.
Más investigaciones aparte de los ratones
La misión, en colaboración con el Instituto Vernadsky de Geoquímica y Química Analítica, transporta 16 tubos de ensayo con simulaciones de polvo y rocas lunares. El objetivo es estudiar cómo la radiación y el vacío del espacio afectan a estos materiales, información valiosa para el desarrollo de bases lunares.
Otros experimentos a bordo investigarán la susceptibilidad de los organismos a la radiación, el desarrollo de nuevos sistemas de soporte vital y los posibles beneficios médicos en la Tierra derivados de la investigación biológica espacial.
Continuando el legado de la Bion-M No. 1
Esta misión se lanzó en 2013 y también estuvo 30 días en la órbita. Sin embargo, la nueva misión orbitará a una inclinación de 97 grados, aumentando la exposición a la radiación cósmica en comparación con su predecesora.
No es la primera vez que se investiga en el espacio
Existen numerosos precedentes de misiones espaciales enfocadas en la investigación. Se han analizado los riesgos de fertilidad en el espacio en ratones y se han realizado experimentos sobre la posibilidad de procrear en el espacio a través de embriones de ratón.
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