River es un equipo indescifrable. Juega bien de a ratos, entusiasma de vez en cuando, sufre bastante y suele perder la brújula. Esto se evidenció en la última jugada del partido, cuando no pudo mantener la ventaja. Un centro de Canelo fue definido por Castillo, un goleador serio. Armani no pudo evitar el gol: al fin de cuentas, es humano. El 1-1 contra Lanús en la Fortaleza es un gran llamado de atención en la 6° fecha del torneo Clausura.
A pesar de ello, el equipo sigue en pie: no ha perdido desde hace dos meses, cuando cayó por 2-0 ante Inter en el Mundial de Clubes. Sin embargo, el impacto de este empate se siente como una derrota. River no avanza ni retrocede: se encuentra atrapado en la intrascendencia, a pesar de los números positivos. El triunfo se le escapó en el final, algo que su juego ya había anticipado.
El segundo ciclo de Marcelo Gallardo en River vive en un constante estado de construcción. Se han realizado cambios en nombres, formas y tácticas, siempre buscando controlar los partidos. Sin embargo, el equipo a menudo cae en la trampa de la edificación permanente, sin llegar a consolidarse. Las lesiones han afectado la planificación, con ausencias significativas como la de Germán Pezzella, quien no volverá hasta 2026.
El equipo juega entre 5 y 6 puntos, rara vez brilla y a veces decepciona, como en el partido contra Libertad en la Copa Libertadores. Armani ha sido un pilar fundamental en el equipo. Sin embargo, sigue adelante en las tres competencias de la segunda parte del año: es protagonista en el torneo Clausura, tiene vida en la Copa Argentina y mantiene la ilusión en la Copa Libertadores.
Lanús, por su parte, es un buen equipo que también sigue en carrera en tres frentes. Ha encontrado un número 9 serio, Rodrigo Castillo, y otros jugadores como Marcelino Moreno y Franco Watson también están mostrando un buen nivel. Con un equipo renovado, River jugó con la ambición de siempre, aunque con deslices defensivos. La entrada de jugadores como Driussi y Montiel fue clave en los últimos minutos, pero el empate llegó en la última jugada del partido, lo que dejó a Gallardo visiblemente frustrado.
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