
CORRIENTES.- El chalet que en épocas de normalidad hace las veces de oficina, está convertido ahora en un búnker. Ricardo Colombi atiende a la gente de a tandas. Son dirigentes, punteros, aliados que están armando la estrategia para el tramo final de la campaña. El exgobernador digita acciones, da órdenes cortas, secas. Llama una y otra vez por teléfono. Nadie contesta. Se queja. “A esta hora no hay misa y los curas no me están atendiendo”, dice, antes de mantener esta charla con LA NACION en la que trata de explicar por qué alguien que ya fue tres veces gobernador tiene ganas de volver al poder, arriesgando su propio legado.
Horacio Ricardo Colombi tiene 67 años. Cumplirá 68 el sábado previo a las elecciones. Es abogado y político de carrera. Él dirá que comenzó a militar en el centro de estudiantes de su pueblo. Sus adversarios dirán que no le conocen empleo privado: comenzó en 1991 como intendente de Mercedes y nunca más se fue del Estado. Fue legislador nacional y provincial, además de ser gobernador. Y ahora es uno de los principales candidatos a ese cargo de cara a las elecciones del 31 de agosto, el próximo domingo.
Ostenta el récord de permanencia en el gobierno. Estuvo doce años completos al frente de la primera magistratura, destronando incluso a Pedro Ferré, el brigadier que fue uno de los redactores de la Constitución Nacional de 1853, que tuvo cuatro períodos y que por eso le cedió su nombre al sillón de gobierno en Corrientes. Hoy, alejado de sus viejos correligionarios radicales, a muchos de los cuales vio nacer y crecer, vuelve a presentarse como candidato. Dice ser el único con experiencia para los tiempos turbulentos que se avecinan, y así justifica su apuesta en un contexto en el que se le reprocha ser un símbolo del pasado.
“Los tiempos que vienen van a ser mucho más complicados de lo que estamos viviendo ahora y para conducir una provincia tiene que haber gente con experiencia”, asegura. De paso intenta polarizar con Juan Pablo Valdés, el candidato del gobierno y piedra de la discordia entre él y Gustavo Valdés, su otrora mano derecha.
– Usted fue tres veces gobernador. ¿Cómo sostiene su postulación cuando la sociedad demanda recambio generacional?
– Los recambios generacionales en la vida se van dando, es lógico. Pero también es cierto que a pesar del tiempo transcurrido, hay valores, actitudes, principios que no cambian. Los tiempos que vienen van a ser mucho más complicados de lo que estamos viviendo ahora. Entonces consideramos que para conducir una provincia tiene que haber precisamente gente con experiencia.
– Usted y su equipo de campaña aseguran que van a forzar una segunda vuelta. ¿Entonces acordarán con el kirchnerismo, con el mileísmo o la izquierda para que lo acompañen?
– El peor error de un dirigente político, y que hoy está ocurriendo por parte del gobierno provincial, es creerse dueño de la vida y de los bienes de los correntinos. Y no se dan cuenta de que el ciudadano resuelve por sí solo. Puede tener necesidades, pero no es ignorante. Entonces, decir que va a convocar, que va a venir, que vamos a hacer alianza, no. Es la gente la que va a decidir.
– ¿Y puede volver a haber un acuerdo con el gobierno? ¿O están muy rotos esos vínculos?
No, no. Estamos en veredas opuestas.
– Ya estuvo 12 años completos en el poder. Más que Pedro Ferré. ¿Para qué necesita más tiempo?
– Nosotros representamos un proyecto de gobierno y de vida: queremos una mejor educación, mejor salud, mejor seguridad. Queremos aumentar los índices de coparticipación a los municipios para que tengan mejores recursos, para poder invertir más y mejor. Debemos recuperar los salarios de la administración pública provincial y municipal. No queremos autoritarismo, ni un Mesías, ni un salvador: queremos un gobierno que esté al lado de la gente.
– De suceder una victoria, va a ser gobernador por cuarta vez. De suceder una derrota, ¿no pone en riesgo su legado político e institucional?
– No pienso en la derrota, pienso que vamos a tener un buen resultado y la historia es la que va a juzgar. A mí no me mueve el amperímetro ser el único, el Mesías, el Salvador. Yo soy un ciudadano común, que tengo virtudes, defectos, errores, aciertos, así que a mí no me va ni viene ese tema.
– ¿Considera que su legado es una fortaleza o una carga en su campaña?
Creo que mi legado está presente en un vasto sector de la población. Y por eso es la credibilidad y el acompañamiento que nosotros tenemos, que es mayoritario. Los pueblos que olvidan su pasado no tienen futuro. Y nosotros tenemos que seguir proyectando una mejor provincia en base a lo vivido, pero con las demandas actuales y con las necesidades que hoy el mundo nos depara.
– Desde su campaña se habla de nepotismo y de la falta de capacitación de Juan Pablo Valdés, el candidato oficialista. ¿Qué tiene para decir al respecto?
– Creo que un grave error que está sucediendo en la política es considerar que el Gobierno, el Estado, es un bien sucesorio. Un bien que se hereda. Y eso ocurre en muchos lugares de la provincia. Creo que eso atenta contra la propia democracia. Esa es mi opinión.
– ¿Y qué va a hacer si es gobernador? ¿Va a presentar una ley para evitar eso?
– Trataré de buscar una ley para que entre parientes de distintos grados se impida la delegación de cargos.
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