El reconocido investigador en la intersección entre arte y ciencia, Lluís Nacenta, cuestiona si la inteligencia artificial (IA) puede ayudarnos a entender mejor el mundo. Recientemente, ofreció un seminario y clínica de obra en el marco del programa Medialab del Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA) y participó del ciclo Desplazamientos, coorganizado por el CCEBA, Fundación Williams, Oficina de Proyectos, Museo Moderno, Central Affair y La Escuelita. Anteriormente, Nacenta ofreció conferencias en el Centro Cultural Parque de España, en Rosario, y en Córdoba.
Licenciado en Matemáticas por la Universidad Politécnica de Cataluña, en Música por el Conservatorio del Liceo, con un máster en estudios comparativos de literatura, arte y pensamiento y un doctorado en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra, Nacenta desarrolla su actividad profesional en curaduría, gestión cultural, docencia universitaria, escritura y música. En su nuevo libro Cálculo de metáforas (Penguin Random House), reflexiona sobre cómo la inteligencia artificial ha quebrado los límites entre el lenguaje y las matemáticas.
Entrevista con Lluís Nacenta
—¿La IA puede generar un criterio estético propio o siempre estará condicionada por los datos humanos con los que fue entrenada?
—La IA nunca va a poder crear un criterio estético propio. Creo que el mundo científico y técnico no es lo suficientemente honesto en poner en valor la gran cantidad de trabajo humano que está en la base y en el funcionamiento operativo de la inteligencia artificial. Todos los proyectos artísticos interesantes que se hacen con IA son proyectos de cooperación entre humanos y sistemas digitales, donde la parte humana sigue siendo fundamental.
—¿Se vislumbran cambios profundos en la producción artística por el uso de la IA?
—Sí, sí. Es difícil saber exactamente cuáles van a ser, pero va a haber cambios profundos porque la capacidad de automatización, la capacidad de análisis de inmensos bancos de datos, la velocidad de procesamiento, todo eso es nuevo y sin duda tendrá un impacto importante.
—¿Qué impacto tiene la IA en la experiencia estética?
—Lo tiene porque es una mediación constante. Ahora ya no podemos dar crédito a ninguna imagen, ni siquiera a un video que veamos. Esto es nuevo en nuestra experiencia estética. Hasta ahora, se consideraba que la fotografía o el video eran garantías de veracidad del texto. Esa garantía ya no existe.
—¿Y cómo es esa nueva estética en el arte?
—Creo que las artes visuales aún están en un estado inicial de trabajar con imágenes sintéticas. Ahora las imágenes con inteligencia artificial no son interesantes. Son hiperreales, brillantes, con colores saturadísimos, algo que fatiga la retina. Pero eso es porque estamos en un momento en el que se quiere demostrar la potencia de la máquina.
—¿Hay un nuevo paradigma de obra colectiva, humano-máquina, que exige repensar autorías?
—Claro, eso sería muy interesante. Ahora se hace de manera abusiva y sin pedir permiso, pero podría ser una buena fuente de ingresos para los artistas.
—¿Qué capacidades creativas puede alcanzar la inteligencia artificial? ¿Hay innovación genuina o es solo recombinación de lo ya existente?
—La inteligencia artificial no es capaz de hacer una innovación genuina. Esto es una cuestión matemática: la IA extrapola en base a lo que conoce, pero extrapolar no es crear. Crear es imaginar algo que no existe, y la inteligencia artificial es, por naturaleza, incapaz de eso.
—No puede superar a un ser humano ni equipararse a él.
—No, en absoluto. La creatividad humana es algo poderoso y misterioso; muy difícil de modelar con software. La creatividad humana tiene un aspecto imprevisible fundamental y la inteligencia artificial solo sabe trazar previsiones que se derivan de lo ya conocido.
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