
En poco más de tres décadas, el Partido Popular valenciano (PPCV) ha afrontado sus principales crisis de liderazgo a través de congresos que han marcado el fin de una etapa y el comienzo de otra. La dimisión de Carlos Mazón como presidente de la Generalitat y del PPCV, debido a su gestión de la dana, ha provocado que el partido se encuentre nuevamente ante la necesidad de decidir quién liderará la formación y con qué equilibrio de poder.
Mientras se espera que la dirección nacional del partido (Génova) establezca los plazos, los miembros del PP valenciano analizan los congresos anteriores en los que se vivieron situaciones similares.
Actualmente, no hay un calendario definido dentro del PPCV. La dimisión de Mazón ha iniciado un periodo de transición en el que Juanfran Pérez Llorca asume el mando interno de manera provisional, mientras Génova decide si convocar un congreso de forma inmediata o extender los plazos. En este contexto, conviven la propuesta de Vicente Mompó de una sucesión tranquila sin gestora, la cautela de María José Catalá, quien remite cualquier decisión a Alberto Núñez Feijóo, y la presión del sector afín a Francisco Camps para que se celebre el congreso lo antes posible.
Antiguos dirigentes del partido coinciden en que la situación actual presenta paralelismos, con matices, con dos congresos anteriores: el de 2012 en Alicante, cuando la salida de Francisco Camps obligó a reestructurar el liderazgo en un ambiente de malestar interno, y el de 2004, que formalizó el relevo tras la marcha de Eduardo Zaplana a Madrid. Ambos congresos sirven como referencia para comprender el presente, marcado por la incertidumbre sobre cómo y cuándo se resolverá la sucesión en el PPCV.
Desorientación tras la salida de Camps (2011-2012)
La salida de Camps en 2011 dejó al PPCV sin un liderazgo claro, generando un periodo de desorientación que duró varios meses. Alberto Fabra asumió la presidencia como una solución de emergencia, sin tener el control total del partido. Tuvo que gestionar un clima interno afectado por el desgaste de la corrupción, la división territorial y la incertidumbre del sector afín a Camps. El XIII Congreso, celebrado en Alicante un año después, tuvo como objetivo cerrar esa etapa y proyectar una imagen de orden tras la salida del expresidente.
El congreso reveló las tensiones internas del partido. Fabra obtuvo un respaldo del 81%, pero un 19% de votos en blanco evidenció el malestar del sector afín a Camps y de los partidarios de la entonces alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. Para evitar una mayor división, Fabra amplió la ejecutiva con nuevas incorporaciones y distribuyó cargos entre los diferentes sectores, eliminando al núcleo duro de la etapa anterior. Además, pactó en Alicante el camino libre para José Císcar y asumió el conflicto latente con Alfonso Rus en Valencia, reflejo de un equilibrio interno construido de manera apresurada.
El congreso permitió a Fabra consolidar su liderazgo, pero dejó claro que su mandato estaba condicionado por la necesidad de integrar a todos los sectores. La influencia de Camps se redujo significativamente y el nuevo organigrama abrió un periodo de pacificación forzada, con Císcar consolidándose en Alicante y Valencia aún en medio de una disputa interna. Según antiguos dirigentes, aquel congreso de 2012 mostró a un PPCV intentando recuperarse tras una dimisión inesperada y buscando estabilizarse, asumiendo que la unidad tardaría en llegar.
Fricciones internas tras la marcha de Zaplana (2004)
El XI Congreso de 2004 se produjo tras un año y medio de tensiones internas que habían dividido al PPCV entre el sector de Zaplana, que se marchaba, y el sector de Camps, que intentaba abrirse camino. La marcha de Zaplana a Madrid desestabilizó la situación y dejó una transición interina en manos de José Luis Olivas, mientras José Joaquín Ripoll asumía la vicepresidencia única en una operación coordinada desde Génova. Este periodo dejó al partido agotado y sin un rumbo claro, por lo que el congreso de Castellón se convocó para definir un liderazgo estable.
El congreso formalizó el giro del partido hacia el liderazgo de Camps, quien colocó a sus partidarios en puestos clave y obligó al sector de Zaplana a aceptar una integración mínima. La votación resultó con un 78% de apoyo y un 22% de votos en blanco, señal del descontento del sector del exministro. El debate sobre la presidencia de honor de Zaplana generó gritos de «pucherazo» y una tensión evidente en la sala. Además, Camps aprovechó el congreso para fortalecer a sus aliados en Alicante y desplazar a figuras importantes del sector de Zaplana, en una operación que marcó el tono de su primera ejecutiva.
El congreso dejó a Camps como líder del PPCV y relegó al sector de Zaplana a un papel secundario, a pesar de las quejas por los compromisarios y las impugnaciones en Elche y Elda. En aquel 2004, según recuerdan los veteranos del partido, el resultado estaba condicionado desde Madrid. José María Aznar apoyaba a Barberá como figura de referencia, aunque la operación terminó coronando a Camps. Actualmente, se observa un eco lejano de aquel movimiento en el apoyo de Génova hacia Catalá, también alcaldesa de Valencia, un paralelismo que resalta el contraste entre aquella transición y la incertidumbre que rodea la actual sucesión interna.
Orígenes del PPCV moderno (1990-2002)
El origen del PPCV moderno se remonta al congreso de 1990 en Benidorm, un congreso marcado por el cambio de nombre del partido y por acusaciones de «tongo» y «pucherazo». Pedro Agramunt fue elegido con el apoyo directo de José María Aznar y con un mensaje de unidad y autonomía interna. Tres años después
Fuente original: ver aquí
