
Las autoridades israelíes intensifican sus preparativos para llevar a cabo el asalto a Ciudad de Gaza. El 8 de agosto, el gabinete de seguridad liderado por Benjamín Netanyahu lanzó un plan para ocupar el principal núcleo de población de la Franja, y desde entonces la cuenta atrás está en marcha. La operación busca la expulsión, en pocas semanas, del millón de personas que las agencias de Naciones Unidas estiman que residen en Ciudad de Gaza. Una portavoz de la ONU lamenta que “a esto no hay forma de llamarlo vida”. Una vez que se logre hacer desaparecer a la población civil, el ejército pretende arrasar la superficie y el subsuelo de la ciudad palestina.
El plan ha generado una oposición aún limitada dentro de Israel. El líder del ejército, Eyal Zamir, ha expresado en diversas reuniones su preocupación de que la ofensiva pueda resultar en la muerte de los rehenes israelíes que continúan en manos de Hamás. Las familias de los cautivos y decenas de miles de israelíes que han apoyado sus protestas rechazan el proyecto por la misma razón. Sin embargo, las voces que critican abiertamente la estrategia de destrucción y sometimiento violento sobre los palestinos son aún minoritarias. En este contexto, un abogado especializado en derechos humanos, un exsoldado activista y un militar en la reserva discuten los riesgos de esta dirección del Gobierno israelí.
“Son crímenes de guerra”
Michael Sfard, abogado israelí especializado en derechos humanos que defiende casos de comunidades palestinas, advierte que los planes de Israel carecen de respaldo legal. Si Israel desplaza a civiles por la fuerza sin comprometerse a devolverlos a la ciudad cuando la campaña militar termine, incurrirá en un crimen de guerra por traslado forzoso. “Además, con cientos de miles de personas sujetas a esa evacuación, podría considerarse un crimen contra la humanidad”, señala Sfard en una conversación telefónica.
El abogado también considera preocupante la reciente exigencia de Israel de que los responsables de hospitales y organizaciones humanitarias en Ciudad de Gaza desmantelen sus instalaciones y las trasladen al sur de la Franja. Sfard recuerda que estas infraestructuras cuentan con una protección especial en el derecho internacional humanitario que obliga a las partes en conflicto a permitirles continuar su trabajo médico.
Las acciones militares de las autoridades israelíes han destruido ya, total o parcialmente, el 94% de los hospitales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, han provocado la muerte de al menos 1.581 trabajadores de la salud y la detención o desaparición de otros 360, según datos del Ministerio de Sanidad del enclave, controlado por Hamás.
La dureza de la ofensiva israelí se ve reflejada en las declaraciones de sus dirigentes. El ministro de Defensa, Israel Katz, anunció la autorización final del Gobierno para tomar Ciudad de Gaza, amenazando con su completa destrucción. “Las puertas del infierno se abrirán pronto sobre los asesinos y violadores de Hamás en Gaza”, escribió en X. Si la milicia palestina no acepta las condiciones de Israel para terminar la guerra, Ciudad de Gaza “se convertirá en Rafah o Beit Hanoun”, en referencia a la destrucción causada en esos municipios por bombardeos masivos.
El anuncio del ministro, que reivindica abiertamente la voladura de una ciudad que antes de la guerra albergaba a unas 600.000 personas —y a la que han llegado decenas de miles de desplazados de otras zonas de Gaza—, recuerda a otros mensajes de gobernantes israelíes. En marzo, en plena tregua, Netanyahu anunció que bloquearía todos los suministros y la ayuda humanitaria hacia la Franja, castigando a dos millones de civiles, hasta que Hamás aceptara las demandas de Israel. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, proclamó en mayo que el enclave sería “completamente destruido” y que los palestinos partirían “hacia terceros países”.
“Esas declaraciones son escalofriantes y constituyen amenazas de tipo mafioso”, opina Sfard. “[Estos gobernantes] actúan como una banda criminal más que como líderes de un país que se dice democrático”, remarca. Sin embargo, el derecho internacional no tipifica como delito la emisión de amenazas de cometer crímenes de guerra.
“Borrarlos del mapa”
Las autoridades israelíes manifiestan la intención de destruir Ciudad de Gaza como parte de su plan y no simplemente para intimidar. Yehuda Shaul, cofundador de Breaking The Silence, una agrupación de exsoldados israelíes que denuncia los crímenes de su ejército en los territorios palestinos, sostiene que si se permite que Israel continúe la guerra e invada Ciudad de Gaza, el siguiente paso será eliminar ese municipio de la faz de la tierra. Shaul menciona como ejemplos los precedentes en Khan Younis o Rafah, donde las operaciones israelíes han convertido partes de esos municipios en ruinas.
El ejército israelí lanzó una invasión en Rafah, el mayor municipio del sur del enclave, en mayo de 2024, a pesar de la fuerte oposición internacional que anticipaba una catástrofe humanitaria. Durante los ocho meses de conflicto previos, las bombas y las órdenes israelíes habían desplazado a los gazatíes desde el norte y el centro del territorio hacia el sur, donde se concentraba la mayoría de la población. En ese momento, el Gobierno de Israel presentó la maniobra como definitiva en la lucha contra Hamás, utilizando argumentos similares a los que ahora emplea para justificar la toma de la principal urbe de la Franja.
Shaul advierte que Ciudad de Gaza es el mayor núcleo urbano palestino, sugiriendo que su destrucción complicará el futuro del pueblo palestino. “Esa es la idea [de la operación]”, concluye Shaul: “hacer que permanezca en la memoria de los palestinos y del resto de la región que, si haces algo contra Israel como los ataques del 7 de octubre de 2023, te borran del mapa”.
“Agotados de tanta muerte”
Las tropas israelíes han centrado su atención en los barrios de Zeitoun y Sheikh Radwan, en Ciudad de Gaza, desde donde las agencias de la ONU reportan miles de desplazados en una semana. El éxodo de estos gazatíes hacia el sur, motivado por bombardeos incesantes, es consecuencia de la fase preparatoria que el ejército israelí reconoce haber comenzado para lanzar la invasión de la ciudad, donde varios testigos han observado la presencia de tanques y excavadoras.
“Esta fase se conoce militarmente como la suavización del terreno”, explica Ethan (nombre ficticio), un soldado reservista israelí que combatió el año pasado en Sheikh Radwan y otros puntos del enclave. A través de mensajes telefónicos, detalla cómo las tropas israelíes se preparan para adentrarse en grandes núcleos urbanos. “Al principio, el ejército lanza bombardeos aéreos sobre un ‘banco de objetivos’ donde se sospecha que hay militantes, armas o mandos militares”. En muchos casos, la marina y las unidades de artillería se unen a esos movimientos.
“Después entran las fuerzas terrestres. Las casas sospechosas pueden ser bombardeadas previamente por tanques. Antes de entrar en el edificio, las unidades de infantería disparan para reducir riesgos”. Una vez dentro, buscan combatientes, armas, cautivos y túneles. Las excavadoras son claves para la exploración subterránea.
Ethan desea mantenerse alejado de los combates. Este joven reservista se encuentra en el extranjero esquivando nuevas convocatorias que lo puedan devolver a Sheikh Radwan. “Estamos agotados de tanta guerra y muerte”, dice con tristeza. Asegura que la mayoría del pueblo israelí solo quiere el regreso de los rehenes y la convocatoria de elecciones. “Ya no confiamos en este Gobierno corrupto, asesino y mesiánico que nos arrastra, a nosotros y a los palestinos, hacia la destrucción final”.
Una mujer palestina intenta recoger arroz, lentejas y frijoles de paquetes de ayuda humanitaria que fueron lanzados desde el aire y se rompieron al impactar sobre el suelo, el 5 de agosto en Ciudad de Gaza.
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