
Cuatro policías armados, algunos con chalecos antibalas, patrullan un callejón en Washington, acercándose a un hombre que fuma, sentado en la escalera de su casa. “¿Qué pasa, han recibido algún aviso por aquí cerca o algo? Esta es mi casa, y lo que estoy fumando es un cigarrillo”, responde el vecino. Tras un breve intercambio, el agente le explica: “Dile a tu gente que todas las agencias de Policía están por las calles. Desde el FBI hasta la policía de parques. Así que avisa: que no fumen en la calle, que no beban en la calle. Porque Donald Trump se ha cansado de esto”, afirma. La escena fue grabada por testigos y se ha viralizado en redes sociales.
Hace casi dos semanas, el presidente estadounidense tomó el control de la Policía Local de Washington DC y ordenó el despliegue del FBI y la Guardia Nacional en la capital, argumentando que el Distrito de Columbia se había convertido en una ciudad sin ley. “La gente no se atrevía a venir… llegaban de Iowa o de Indiana y se iban a marchar en bolsas para cadáveres”, justificó su medida. Aseguró que el nivel de delincuencia estaba entre los peores del mundo. Ahora, se jacta de que ha logrado reducir la violencia y amenaza con extender estas medidas a otras ciudades demócratas, mencionando a Chicago y Baltimore. Sin embargo, muchos residentes expresan su preocupación por el nuevo escenario.
Aunque Washington enfrenta, como cualquier gran ciudad, incidentes de delincuencia, las cifras indican que son las más bajas en treinta años. La ciudad no ocupa los primeros lugares en las clasificaciones de violencia en Estados Unidos. Los opositores de Trump creen que su medida busca castigar a una ciudad de mayoría demócrata que ha sido hostil hacia él, especialmente tras el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. En las elecciones de 2024, un 92,5% del distrito votó por la demócrata Kamala Harris. El Ayuntamiento califica la iniciativa como “una crisis inventada”.
Desde el 12 de agosto, se han desplegado en la capital 800 soldados de la Guardia Nacional, reforzados por contingentes de seis Estados republicanos, duplicando esa cifra. Desde el viernes pasado, el Pentágono les ha autorizado a portar armas en la ciudad. Ya antes de la orden de Trump, el FBI y la Policía federal habían comenzado a integrarse con la Policía metropolitana.
“Es un uso fantástico de nuestro dinero como contribuyentes”, ironiza Belle Shapiro, abogada de 42 años, mientras pasea a su perro por el Mall, el gran parque que atraviesa el centro de la capital. “¿Me siento más segura? No. ¿Hay un problema de delincuencia en DC? Por supuesto, pero ni más ni menos que en muchas otras ciudades, incluidas las de mayoría republicana. ¿Hay mejores maneras de resolverlo? Desde luego.”
En la estación central de Washington, Union Station, cinco tanquetas militares están estacionadas a la entrada. Soldados de la Guardia Nacional patrullan el vestíbulo del edificio. Un grupo de manifestantes sostiene carteles de protesta. “¿Dónde estaba todo este despliegue el 6 de enero?”, se pregunta un transeúnte, refiriéndose al asalto al Capitolio.
En Mount Pleasant, un barrio diverso con más de un 20% de población latina, las calles lucen menos animadas. Las patrullas a pie buscan a los repartidores de comida a domicilio, que solían esperar en grupos y ahora han desaparecido. “Todo está tranquilo, ¿qué necesidad hay de este espectáculo?”, se cuestiona Leo, un residente local.
Trump afirma que, desde el inicio de estas medidas, los incidentes de violencia han disminuido un 87%. Sin embargo, algunos datos sugieren que los robos en viviendas han aumentado un 6% y los atracos a mano armada un 14%. También se han incrementado las detenciones de inmigrantes irregulares, con unas 300 personas arrestadas, lo que ha llevado a algunos residentes a sospechar que el objetivo real no es combatir la delincuencia, sino cazar migrantes sin permisos.
La Casa Blanca niega esta acusación, afirmando que la prioridad es sacar a los delincuentes violentos de las calles, sin importar su estatus migratorio.
Los datos oficiales del Departamento de Justicia contradicen la narrativa de Trump. Aunque la delincuencia está por encima de la media nacional, ha disminuido en los últimos dos años. En 2024, los incidentes cayeron un 35%, alcanzando cifras récord en tres décadas. La Administración republicana sugiere que estos datos están manipulados y planea abrir una investigación.
Una encuesta del Washington Post revela que el 79% de los residentes rechaza las medidas de Trump, y un 61% se siente menos seguro con la presencia de agentes federales y militares. Un grafitti en el barrio de Adams Morgan retrata a un empleado del Departamento de Justicia que se convirtió en héroe de la resistencia al lanzar un bocadillo contra un agente federal.
Las medidas de Trump son posibles debido al estatus de Washington, que no tiene las mismas protecciones de autonomía que un Estado. Las leyes locales permiten que el presidente asuma el control de la policía local en situaciones de emergencia nacional, aunque esto está limitado a treinta días.
Trump y su Administración continúan promoviendo estas acciones, afirmando que Washington “es una ciudad diferente” y que planea solicitar al Congreso 2.000 millones de dólares para “embellecer” la capital, además de tener en la mira a otras ciudades demócratas para implementar medidas similares. El presidente ha insinuado que podría extender el plazo de treinta días, lo que permitiría mantener la Guardia Nacional desplegada indefinidamente.
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