
La Iglesia Católica ha emitido en menos de una semana una serie de severos cuestionamientos hacia la gestión de Javier Milei, reforzando así su perfil crítico. Se han expresado mensajes en contra del rumbo económico, los “insultos” y la falta de apertura y diálogo del Presidente. Además, se han repetido advertencias sobre el hambre, el desempleo y el avance del narcotráfico en los barrios populares, lo que los sacerdotes consideran un abandono por parte del Estado, evidenciando el precario esquema de contención social que ejercen diariamente parroquias, comedores, clubes y ONGs.
Los rostros más visibles de esta avanzada son el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, y el de Mendoza, Marcelo Colombo, quien también preside la Conferencia Episcopal Argentina. Un primer avance fue permitir que la peregrinación por San Cayetano tuviera como parada final la Plaza de Mayo, donde se llevó a cabo un acto de corte opositor, impulsado por sindicalistas y piqueteros que buscan articular un frente anti-Milei.
En Mar del Plata, se desarrolló la tradicional Semana Social, donde asistieron curas, sindicalistas y políticos opositores. El encuentro, organizado con recursos de los gremios de Luz y Fuerza y Gastronómicos, contó con la presencia de los gobernadores de Buenos Aires, Axel Kicillof, de Córdoba, Martín Llaryora, y la vice de Santa Fe, Gisela Scaglia. A pesar de las invitaciones, el Gobierno no estuvo representado.
García Cuerva, en su homilía de San Cayetano, afirmó: “No podemos desentendernos de los que sufren”, refiriéndose a la situación de los ancianos y discapacitados tras el veto del aumento jubilatorio y la ley de emergencia en discapacidad. También criticó a Jorge Macri por su decisión de penalizar a quienes revuelven basura en busca de alimentos.
Colombo, por su parte, subrayó la necesidad de justicia social y respondió a Milei, quien había afirmado que “la calle estaría llena de cadáveres” si la gente no llega a fin de mes. En la actualidad, el salario mínimo es de $322.000, mientras que la jubilación mínima es de $314.305, y se estima que una sola persona necesita al menos $371.959 mensuales para cubrir la canasta básica.
El arzobispo García Cuerva y otros referentes de la Iglesia mantienen una intensa militancia política, como el padre Paco Olveira, quien se manifiesta cada miércoles en apoyo a los jubilados. Otros, como Nicolás Angelotti, conocido como padre Tano, han establecido redes de ayuda en La Matanza, alertando sobre el aumento en la demanda de alimentos.
El piquetero Eduardo Belliboni, también vinculado a la Iglesia, mencionó que el Polo Obrero ha abierto nuevos comedores en el conurbano debido a la creciente necesidad alimentaria. “El Gobierno nacional ya no entrega un kilo de más nada”, afirmó, advirtiendo sobre el avance del narcotráfico en los barrios.
Desde el Gobierno, los cuestionamientos de Pérsico y Belliboni, así como las críticas de la Iglesia, han generado indignación. “Los curas ni siquiera salieron a bancar que se redujo la pobreza”, lamentó un miembro del gabinete de Milei.
Cambio en la política alimentaria
El Ministerio de Capital Humano ha modificado su política alimentaria, reemplazando la entrega de bolsones de comida por un sistema de tarjetas para comedores y merenderos. Actualmente, existen 4834 puntos de entrega entre comedores y merenderos, con un presupuesto mensual de $6500 millones para su funcionamiento.
García Cuerva, en un intento por equilibrar las cuentas del arzobispado, se enfrenta a desafíos tras una auditoría interna del Vaticano que detectó irregularidades en la gestión anterior. En este contexto, la Iglesia también busca fortalecer sus obras pastorales y sociales.
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