El Gobierno consiguió renovar el total de la deuda en pesos que le vence a fin de esta semana e incluso logró absorber $1 billón extra hasta después de las próximas elecciones.
Esto se logró tras haber dispuesto, hace 48 horas, una nueva suba de los encajes bancarios y generado un esquema que incitó a los bancos a cubrir ese nivel de exigencia, el mayor en 32 años, con parte de los bonos que ofrecía al mercado en la licitación de hoy.
La Secretaría de Finanzas anunció que en la licitación de hoy adjudicó $7,667 billones, habiendo recibido ofertas por un total de $8,306 billones. Esto significa un rollover de 114,66% sobre los vencimientos del día de la fecha.
Lo hizo al adjudicar cinco de los siete instrumentos de deuda en pesos a tasa fija y variable por un total de $7,667 billones, frente al compromiso en torno a $6,7 billones que enfrentaba. El secretario de Finanzas, Pablo Quirno, anticipó este resultado en un posteo en la red X.
Sin embargo, el costo de este logro es elevado, ya que debió validar tasas de hasta 75,66% nominal anual o 4,81% en colocaciones a un mes, lo que representa más de 13 puntos por encima del rendimiento pactado hace apenas dos semanas.
Este costo es solo superado por el 5,5% efectivo mensual que había aceptado pagar al comenzar a emitir este tipo de papeles en marzo de 2024, cuando la inflación era de dos dígitos.
Esto evidencia la desesperación del Gobierno por secar la plaza de pesos de cara a las elecciones, aunque el equipo económico y el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, calificaron a estas tasas de “endógenas”, es decir, definidas por el mercado.
El BCRA volvió a elevar en 3,5 puntos los encajes y amplió en 2% la proporción que los bancos pueden cumplir con bonos que les generen al menos una renta.
Esto dejó a las entidades frente a una disyuntiva: aceptar rendimientos nulos sobre una proporción mayor de los pesos que captan de terceros o volcarlos hacia los bonos que ofrece el Tesoro. Esto aseguraría una demanda base de alrededor de $5 billones por los papeles con vencimiento a más de 60 días.
Las Letras de Capitalización (Lecap) y los Bonos TAMAR explicaron el 79,2% de la demanda, aunque dos tercios se posicionaron en los plazos más cortos para evitar extenderse hasta fin de febrero. La Letra TAMAR a 140 días fue la más suscripta, colocada con un margen de 1,64% sobre la tasa correspondiente a los plazos fijos mayoristas.
Por último, el llamado a comprar letras ajustables por el dólar se declaró “desierto”, lo que indica muy baja demanda, algo que ya se esperaba dado los niveles en los que están operando los sintéticos.
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