
En un escenario de conflicto simulado, tropas insurgentes se aproximan a un aeropuerto con la intención de atacar. Militares españoles se preparan para evacuar a un grupo de refugiados de la zona de guerra. La amenaza es inminente: un carro de combate y fuego de morteros se dirigen hacia su posición. Ante esta situación, el Ejército solicita apoyo aéreo, desencadenando un flujo constante de datos entre máquinas y personal militar.
Drones de reconocimiento, operando por delante de los cazas, transmiten información crucial sobre la situación en tierra. A kilómetros de distancia, los aviones de combate ajustan su armamento. En el puesto de control, un algoritmo de inteligencia artificial analiza las armas disponibles, seleccionando las más adecuadas para neutralizar las amenazas blindadas y de artillería, evaluando las probabilidades de éxito. La IA presenta una propuesta en pantalla: “¿Sí? ¿No?”. Tras la confirmación, misiles aire-tierra son lanzados desde los cazas. Guiados por señales de satélite y drones que han localizado el carro de combate y los morteros, los misiles alcanzan y destruyen sus objetivos.
La guerra en Ucrania ha puesto de manifiesto que los futuros conflictos terrestres comenzarán con enfrentamientos entre máquinas. De igual manera, la superioridad aérea, crucial en cualquier guerra, se decidirá por la calidad de la nube de combate.

Nimbus: La nube de combate española
España ha desarrollado y probado su propia nube de combate, denominada Nimbus, construida por la empresa Indra. Esta solución tecnológica es la contribución española al programa del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS). Recientemente, Nimbus fue sometida a pruebas en el aeródromo de Rozas (Lugo), con la presencia de Ángel Escribano, presidente de Indra, y Francisco Braco, general jefe de Estado Mayor del Aire. El ejercicio simuló un enfrentamiento armado en torno a un aeropuerto, abarcando una zona de operaciones que se extendía desde Galicia hasta Madrid.
Conexión digital y multiplicador de fuerza
Según uno de los diseñadores de Nimbus, las nubes de combate no son entidades físicas, sino conexiones digitales. Los ingenieros de Indra las describen como “multiplicadores de fuerza”, un entorno de señales y decisiones que facilita la comunicación cifrada entre sensores, radares, satélites, aviones, drones, vehículos terrestres, unidades de infantería, buques de guerra, baterías de artillería y misiles. Nimbus actúa como un sistema de inteligencia superior que organiza y da sentido al “Internet de las Cosas de Batalla”, un ecosistema digital controlado por militares y potenciado por inteligencia artificial.
Este sistema procesa grandes cantidades de información, minimiza los tiempos de decisión, mejora la visión del campo de batalla, optimiza el uso de recursos y permite ataques y defensas con una velocidad superior a la capacidad humana.
Jorge San José, director del proyecto FCAS en Indra, explica que el objetivo principal de Nimbus es “conseguir que activos que no se están hablando se comuniquen de una forma sencilla”. El término “activos” se refiere a máquinas, vehículos y sistemas, algunos de ellos con tecnologías más antiguas, que participan en el campo de batalla.
El equipo de desarrollo ha diseñado Nimbus para que sea “agnóstica en plataformas”, es decir, que funcione independientemente del tipo de máquina que reciba la señal. Esto evita las limitaciones que presentan otras interacciones militares europeas, que dependen del tipo de vehículo o sistema utilizado. San José resume Nimbus como la capacidad de “que la fragata hable con el avión en un espacio de batalla compartido”, diferenciándola de la simple conectividad o interoperabilidad, que ya existen. Nimbus se define como computación distribuida.
La sala de telemetría
En el Centro de Experimentación en Vuelo de Rozas, Indra ha instalado una “sala de telemetría” donde se puede apreciar mejor el funcionamiento de la nube de combate. La sala, ubicada en un hangar, cuenta con un gran reloj digital y múltiples pantallas que muestran la información proveniente de los diferentes “activos” en el campo de batalla simulado. Cada máquina comunica lo que observa o detecta a través de una red de datos. Si un nodo o sensor es destruido, otro toma su lugar. Según Jorge Juan Alonso, uno de los ingenieros del proyecto, “no hay un centro que se pueda destruir y se acaba todo. El cerebro del sistema está en cada uno de sus nodos. Cuanto más distribuido está todo, más resiliente”.
La experiencia de la guerra de Ucrania, con su entorno electrónico degradado y la presencia de interferencias, confirma que “cuantos más activos vean lo mismo, más difícil será que los engañen”.
En el futuro, todos los participantes españoles en una batalla, junto con sus aliados, podrán acceder a los datos de la nube de combate, desde el soldado con su teléfono móvil hasta el comandante de una fragata o un carro de combate. La IA se encargará de filtrar y presentar la información más relevante para cada usuario, según su función.
En la sala de telemetría, un mapa de la región de Lugo simula aliados y enemigos con iconos de colores. Esta representación es una versión moderna de las antiguas mesas de mapas, pero con una cantidad de datos multiplicada exponencialmente. Para el Ejército del Aire, Nimbus representa la oportunidad de alcanzar la “hipersuperioridad aérea”.
Sin embargo, existe una limitación importante: la necesidad de contar con satélites propios para asegurar las comunicaciones de la nube y evitar interferencias externas. Esto subraya la importancia de la autonomía espacial para la defensa.
Simulación y realidad aumentada
Durante la prueba de Nimbus, se presentaron otros desarrollos tecnológicos. Un ingeniero, sentado frente a una triple pantalla y utilizando joysticks, simulaba volar sobre un paisaje utilizando datos de la nube y gafas de realidad aumentada. Este sistema permite eliminar la vista del interior de la cabina y ver el entorno exterior como si se estuviera volando libremente. Esta tecnología se implementará en el futuro avión de combate del FCAS, con su sistema de armas de nueva generación (NGWS).
José Gabriel Terius,
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