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España enfrenta el reto de decidir sobre sus bosques tras incendios

agosto 27, 2025

España ha estado lidiando durante varias semanas con una ola de incendios forestales que ha arrasado más de 415.000 hectáreas desde el inicio del año. Sin embargo, el país se enfrenta a un desafío aún mayor: decidir qué acciones tomar una vez que se extinga el fuego. Las opciones incluyen repoblar las áreas afectadas o permitir que la naturaleza siga su curso. En caso de optar por la restauración, surgen preguntas sobre qué especies utilizar y qué factores considerar.

Este dilema puede resumirse en una pregunta fundamental: ¿Deseamos restaurar los ecosistemas que existían antes de los incendios o preferimos crear bosques adaptados a las condiciones futuras?

Una cifra: 415.000 hectáreas

El año no ha sido favorable para los montes de España, especialmente en el noroeste. Según el sistema europeo de información sobre incendios, EFFIS, más de 415.000 hectáreas han sido consumidas por las llamas en 2025, superando las cifras de otros países como Francia, Portugal e Italia. Los incendios han destruido viviendas, granjas y paisajes emblemáticos, planteando la pregunta: ¿Qué hacer ahora?

Buscar algo diferente

La recuperación del monte puede parecer una tarea sencilla, pero plantea muchas cuestiones. ¿Cuál es la mejor forma de actuar en los bosques devastados? ¿Es el mismo monte que conocemos hoy el que existía hace medio siglo o el que existirá en 50 años? “Nos cuesta aceptar que hay especies que ya no están adaptadas y no volverán, como los castaños”, reflexiona Ruth Domènech, experta en incendios de la Universidad de California.

Domènech añade que “las especies están adaptadas a ciertos rasgos climáticos que, si no están presentes, no pueden resistir”. Víctor Resco, catedrático de Ingeniería Forestal en la Universidad de Lleida, enfatiza que la pregunta más importante no es cuándo los bosques volverán a su estado anterior, sino que debemos “buscar algo diferente”.

Mucho más que fuego

Los incendios forestales no son el único factor a considerar. La reforestación también implica cambios en la meteorología y la elección de especies autóctonas o alóctonas. “¿Qué es lo autóctono? ¿Lo que había cuando llegaron los romanos o lo que vemos en la televisión?”, plantea Domènech.

La experta critica la demonización de ciertas especies como el eucalipto o el pino carrasco, sugiriendo que el enfoque debería estar en la estructura y cantidad de combustible. Resco ya había advertido en 2021 que los pinos y eucaliptos se utilizan como “chivos expiatorios” en el debate sobre los incendios.

La gran clave: el clima

En un artículo de The Conversation, Resco subraya que antes de reforestar, es crucial definir qué se quiere lograr. “¿Restaurar el ecosistema anterior al incendio o uno adaptado al clima futuro? Y si elegimos lo segundo, ¿a qué futuro nos referimos?”, cuestiona.

La restauración forestal tradicionalmente ha buscado recrear el bosque más maduro posible, pero “en un escenario de cambio climático, esta visión del pasado carece de sentido”, añade Resco.

¿Y cuál es la respuesta?

Resco reconoce que en algunos casos, como en zonas afectadas por erosión, la repoblación es urgente. Sin embargo, en situaciones menos críticas, sugiere dar prioridad a la regeneración natural. En cuanto a las especies, enfatiza que el debate entre autóctonas y foráneas es irrelevante bajo el cambio climático. “Si plantamos especies adaptadas al clima del pasado, corremos el riesgo de que mueran en pocas décadas”, advierte.

La diversidad medioambiental

Además, no todas las especies están igualmente adaptadas al fuego. Algunas, como el Melanophila acuminata, conocido como “escarabajo del fuego”, son capaces de detectar llamas a distancia y se benefician de los incendios para reproducirse. Otras especies, como el pino carrasco, han desarrollado mecanismos para sobrevivir a las llamas, como la apertura de sus piñas con el calor.

Sin embargo, estas adaptaciones tienen límites. Las plantas y animales necesitan condiciones específicas para prosperar, y los incendios cada vez más intensos representan un desafío para su supervivencia.

Fuente original: ver aquí