Desde la década de 1990, el yoga ha ganado popularidad en Argentina, y una de sus ramas ha evolucionado hacia un enfoque terapéutico, respaldado por médicos y kinesiólogos. Este enfoque ha permitido reconocer los beneficios del yoga en la promoción de la salud y la recuperación de diversas patologías.
Así, se han adaptado nuevas posturas y modalidades, dando origen al yoga en silla, una práctica diseñada especialmente para quienes no pueden trabajar en el suelo o tienen dificultades para levantarse o sentarse sin ayuda.
El yoga en silla es una adaptación del yoga tradicional que se realiza sentado o con el uso de una silla como soporte. Aunque se ejecutan posturas en posición sentada, se requiere activación muscular para mantener la estabilidad y el equilibrio, convirtiéndolo en un ejercicio efectivo.
“Cuando trabajamos de pie, muchas veces utilizamos la silla como apoyo para estabilidad. En una clase normal de yoga, los alumnos se sientan y trabajan en la silla. No solo se realizan posturas adaptadas, sino que también se hacen ejercicios de coordinación, respiración y relajación. Se utilizan elementos como pelotas, ladrillos de goma, almohadones y bandas”, explica Silvana Pérez Vieyto, profesora del Centro Argentino de Yoga Miriam Vieyto.
El yoga en silla forma parte del yoga terapéutico, que surgió para atender a personas con movilidad limitada, especialmente adultos mayores. Su objetivo es adaptar posturas y movimientos del yoga para que puedan ser practicados por quienes tienen limitaciones físicas. “El objetivo es liberar tensiones, mejorar la circulación energética y sanguínea, y enseñar a usar la respiración como herramienta para manejar el estrés y la ansiedad”, señala Karen Elizaga, profesora de yoga integral y terapeuta de shiatsu.
El yoga en silla no impone posturas exigidas, sino que se adapta a las capacidades de cada alumno, buscando maximizar los beneficios y la movilidad. “Los beneficios del yoga en la salud, a nivel físico, mental y emocional, se obtienen a través de la práctica de la disciplina en su conjunto, no en realizar una postura perfecta”, añade Pérez Vieyto.
Las clases utilizan sillas plásticas reforzadas con apoyabrazos y respaldo para asegurar la comodidad y estabilidad de los practicantes. Esta modalidad de yoga ha crecido en popularidad, permitiendo que personas que antes se sentían excluidas puedan disfrutar de sus beneficios.
La clase, que dura una hora, comienza con una breve relajación y ejercicios de respiración, seguido de movimientos articulares y posturas. Al finalizar, se realiza una relajación sentados para comodidad y estabilidad.
El yoga en silla, creado en 1982 por Lakshmi Voelker, ha evolucionado para incluir sesiones que varían desde suaves hasta más avanzadas, dependiendo de cómo se utilicen las sillas. Esta práctica es accesible, eliminando barreras como la movilidad limitada, y permite adaptar el yoga a las diferentes condiciones de sus practicantes.
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