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El capitán amateur de River y su historia sin títulos a los 18 años

Fernando Zappia usó la cinta en la noche de 1975 que terminó con la sequía; el intento de que los chicos no jugaran y el difícil día después.

Esta nota fue publicada en LA NACION en agosto de 2020, cuando se cumplieron 45 años del acontecimiento.

Madrugada del domingo 7 de septiembre de 1970. Fernando Zappia se retira de una fiesta de 15 con un amigo, quien le comenta que a las siete de la mañana debía ir a probarse a River. Al ver el papel con la citación del club, le surge la intriga. “¿Puedo ir con vos?”, pregunta, y recibe una respuesta afirmativa. A las seis de la mañana, casi sin dormir, agarra su bolso y le avisa a su madre que se va. Al llegar al club, el histórico Bruno Rodolfi les comenta que la práctica es a la tarde y accede al pedido de Zappia, quien pocas veces había jugado en cancha de 11, para sumarse a la prueba. “¿Dónde me pruebo ahora?”, se pregunta el joven mientras espera cerca del Club Hípico y observa de lejos una herradura con seis agujeros. “Listo, voy de seis”, le dice a su amigo. Y de unos 200 jóvenes, él fue elegido.

Mañana del jueves 14 de agosto de 1975. La expectativa es total. Por la noche, River debe enfrentar a Argentinos Juniors en Vélez y se juega el título del Metropolitano: si gana, es campeón después de 18 años, la sequía más larga de su historia. Zappia llega temprano a entrenarse en la reserva y el técnico Federico Vairo, a medida que se iban congregando en el vestuario, empieza a seleccionar y mezclar juveniles. El desconcierto era total. Había jóvenes de tercera, cuarta, quinta y hasta sexta división. Ya en la concentración, Ángel Labruna, director técnico de la primera, y el propio Vairo les comunican que había una huelga de Agremiados por mejoras salariales, pero que la AFA había decretado que la fecha se jugaba. “Si no se levanta, van a tener que jugar ustedes. Prepárense y estén tranquilos”, fueron las palabras de los entrenadores. Zappia, con tan solo 20 años, fue elegido capitán.

-¿Qué recordás de ese momento?

-Fue un día de locos. Cuando nos comentaron lo que pasaba, no quisimos ir más allá de eso, no preguntamos por qué ni nada. Si no se levantaba la huelga, teníamos que jugar. River se jugaba el campeonato. Después, durante el día tuvimos la visita de algunos profesionales que nos insinuaron que no teníamos que jugar a la noche. Eso nos presionó más, eran tipos de nombre y muchos chicos no los conocían y lo miraban con otros ojos.

-¿Estuvieron cerca de no jugar?

-Hicimos una reunión a la tarde y cada uno votó por jugar o no. La mayoría quiso jugar. A mí ni que me pusieran una muralla me iban a impedir que jugara. Yo soy hincha de River a muerte, pero al margen de lo que sentía por el club, también pensaba qué podía pasar con mi futuro si me negaba a jugar. Quizás a fin de año me rajaban los dirigentes o se me terminaba la carrera.

-¿Cómo te eligieron capitán para el partido?

-Yo estaba entre los mayores en la Reserva y ya había estado con la primera con Sivori en el 74. Pero cuando empezó Labruna volví a tercera, que estábamos con Cabrera, Jiménez y Labonia. Como los cuatro éramos los más grandes, casi que la responsabilidad caía en nosotros. Y tuve la suerte de que me eligieron el capitán entre Labruna y Vairo.

La historia es conocida. Aquella noche de agosto en Vélez, los juveniles de River le ganaron 1-0 a Argentinos Juniors y lograron el campeonato. Vivalda; Raffaelli, Ponce, Zappia, Jometón; Cabrera, Bargas, Bruno; Labonia, Gómez y Groppa fueron los elegidos. El gol de Rubén Bruno a los 24 minutos del segundo tiempo cortó la racha negra más extensa de la historia de River y desató la locura de la gente, que invadió el campo de Vélez al finalizar el partido.

-¿Qué representa haber sido parte de aquel partido?

-Yo soy muy de River y había llorado mucho tiempo esos casi 20 años con las pérdidas de campeonatos increíbles. La última vez que River había salido campeón yo tenía dos años en el 57. Y ese día fue un sueño que River haya salido campeón, pero lo loco fue que yo fui partícipe.

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