
En 332 a.C, Alejandro III de Macedonia dirigía su mirada hacia Egipto, pero se encontraba con Gaza, “una ciudad de importancia considerable”, según el grecorromano Flavio Arriano en su obra “Anábasis de Alejandro Magno”.
Gaza ha sido un lugar de gran relevancia a lo largo de su historia, especialmente en el contexto del conflicto actual, que ha dejado al menos 62.000 muertos desde los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023, según el Ministerio de Salud del territorio.
En tiempos de Alejandro, Gaza era un oasis rodeado de desiertos y un punto estratégico en la ruta entre Asia y África, siendo la última ciudad construida antes de ingresar al inhóspito desierto del Sinaí.
Debido a su valor estratégico, Gaza cambiaba de manos con frecuencia. Por ejemplo, en el siglo XII a.C., los filisteos la tomaron de los egipcios y se convirtió en un importante centro de la Pentápolis filistea.
En Gaza fue donde el bíblico Sansón fue apresado tras ser traicionado por Dalila, y donde finalmente murió al derribar el templo del dios Dagón.
Posteriormente, Gaza estuvo bajo el dominio de diversos imperios, incluyendo el de Ciro el Grande, fundador del primer Imperio persa, que Alejandro se propuso derrotar desde su ascenso al trono en 336 a.C.
El asedio
Cuando Alejandro llegó a Gaza, ya había acumulado victorias en su campaña por Asia, incluyendo el asedio de Tiro, que había durado siete meses. Gaza, gobernada por el eunuco Betis, se preparaba para resistir.
Betis, en lugar de rendirse, contrató mercenarios árabes y se abasteció para un largo asedio, convencido de que Gaza no podría ser tomada por la fuerza. Alejandro, a pesar de las advertencias sobre la imposibilidad de asaltar la ciudad, consideraba que una victoria tendría un gran impacto disuasorio sobre sus enemigos.
Decidido a conquistar Gaza, Alejandro mandó construir un terraplén para colocar sus máquinas de asalto a la altura de las murallas. Sin embargo, durante un sacrificio a los dioses, un pájaro carroñero dejó caer una piedra sobre su cabeza, lo que fue interpretado como un mal presagio.
A pesar de ello, Alejandro decidió actuar. Durante el ataque, fue herido, pero se sintió optimista al pensar que si se cumplía la parte positiva del presagio, la ciudad caería.
Finalmente, después de aproximadamente 100 días de asedio, las murallas de Gaza cedieron. Los defensores continuaron luchando hasta el final, lo que resultó en grandes pérdidas humanas para ambos lados.
La venganza
El comandante Betis sobrevivió a la batalla, pero su captura fue brutal. Alejandro, enfurecido, lo sometió a un castigo ejemplar, arrastrándolo atado a un carro alrededor de la ciudad. Este acto fue visto como una imitación de las acciones de Aquiles, de quien Alejandro afirmaba descender.
Tras la victoria, Alejandro tomó como esclavas a las mujeres y niños de Gaza, repobló la ciudad con habitantes de pueblos cercanos y la utilizó como fortaleza en su camino hacia Egipto, donde fue recibido con entusiasmo.
A la edad de 25 años, Alejandro se había convertido en rey de Macedonia, hegemón de Grecia y faraón de Egipto, y luego Gran rey de Media y Persia.
Fuente original: ver aquí
