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Diez años de la crisis de los migrantes en Europa y el desafío de la derecha

agosto 31, 2025

La crisis migratoria en Europa, que comenzó hace diez años con la llegada masiva de refugiados tras la guerra en Siria, sigue generando tensiones en el continente. Policías y soldados vigilan las fronteras que antes se consideraban abiertas entre países europeos, mientras que la violencia contra extranjeros ha aumentado en naciones donde este tema había sido relativamente secundario, como España. La presión de la extrema derecha sobre los partidos conservadores y de centroderecha ha llevado a estos últimos a endurecer su retórica y legislación.

Diez años después de la crisis, el número de llegadas a las fronteras ha disminuido desde su pico, pero la percepción de la inmigración como un tema central que definirá el futuro de Europa persiste. La historia reciente, marcada por la pandemia, la invasión rusa a Ucrania y el Brexit, ha influido en la opinión pública. En Alemania, el nuevo canciller Friedrich Merz ha reconocido que no se ha logrado controlar la situación migratoria, lo que contrasta con la postura de su predecesora, Angela Merkel, quien había acogido a cerca de un millón de refugiados en 2015.

En Polonia, el gobierno ha adoptado políticas más restrictivas, suspendiendo el derecho de asilo en la frontera con Bielorrusia y reforzando los controles. La extrema derecha ha ganado terreno en las elecciones, impulsando un mensaje que considera la migración como incontrolable. A su vez, la derecha moderada ha comenzado a reconocer las preocupaciones de los ciudadanos sobre la inmigración, buscando soluciones que no alimenten el extremismo.

Expertos como Witold Klaus y François Héran advierten que el endurecimiento de las políticas migratorias no solo se debe al auge de la extrema derecha, sino también a cambios en la opinión pública y la economía. La percepción de que los inmigrantes compiten por recursos escasos ha sido alimentada por incidentes de violencia y problemas económicos, lo que ha llevado a un aumento en la construcción de fronteras y vallas en varios países europeos.

A pesar de la retórica de crisis, algunos estudios indican que Alemania ha logrado integrar a un número considerable de refugiados, aunque la percepción de una “emergencia” migratoria persiste. La situación ha llevado a un aumento en el rechazo a la inmigración, tanto en la política como en la opinión pública, lo que se traduce en un endurecimiento de las políticas migratorias en varios países europeos.

Dinamarca se presenta como un modelo a seguir por algunos, aplicando políticas sociales progresistas mientras endurece su política migratoria, lo que ha debilitado a los partidos de extrema derecha. En contraste, en Francia y Alemania, estos partidos han ganado popularidad, lo que plantea un desafío para los gobiernos moderados en su intento de abordar la cuestión migratoria sin alimentar el extremismo.

Fuente original: ver aquí