La figura de Vera Karalli puede no despertar un interés inmediato entre los aficionados a la danza, al cine o la historia. Es posible que el nombre de Anna Pavlova la haya opacado, o que su conexión con el asesinato de Rasputín no evidencie su relevancia en la historia de la dinastía de los zares. Sin embargo, el nombre y apellido de esta bailarina, actriz de cine mudo y amante de un Romanov representan una parte significativa de lo que era esencial para la sociedad rusa a principios del siglo XX.
Más allá de las licencias que una novela puede tomar con los hechos reales, La muerte del cisne negro, de Alina Mazzaferro, rinde homenaje al personaje. Desde las primeras páginas, la autora expresa su intención de rescatar a aquellas “mujeres postergadas, olvidadas, enterradas en el anonimato, borradas de un plumazo”.
Las plumas evocan a Karalli, quien solía llevar sombreros alados y el tutú blanco de La muerte del cisne, que aunque no fue creado para ella, sí lo llevó al cine. A través de los hilos que el relato deja como pistas, se explora uno de los fenómenos más apasionantes del arte: los Ballets Rusos de Diaghilev, una fuente inagotable de talentos e influencias que perduran hasta hoy.
Vera Karalli (1889-1972) es una de las tres protagonistas en la trama de conspiraciones, amores y traiciones que preceden al asesinato de Rasputín, aunque el capítulo inicial de la historia le pertenece a ella. Se destaca su perfil como “la bailarina más famosa del imperio ruso”, hija única de un empresario teatral y una actriz, que creció entre bastidores y se formó en la escuela del Bolshoi, donde su singularidad y pasión fueron reconocidas por su maestro, Alexander Gorsky, quien la proclamó “la nueva Isadora”.
En la obra de Lynn Garafola, Diaghilev’s Ballets Russes, Vera es mencionada en el contexto del debut de la compañía en 1909 en París, un momento que Mazzaferro recrea en su novela. La lectura también ofrece referencias constantes al ambiente de la danza y el espectáculo, con cameos de figuras legendarias que auguraban un cambio en el arte.
La curiosidad puede llevar a los lectores a explorar las películas del cine mudo en las que participó Karalli, como Crisantemos y La muerte del cisne, que reflejan el estereotipo de la bailarina clásica y muestran cómo el tiempo parece no haber pasado en ciertas dinámicas de la vida artística.
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