Durante la campaña, Javier Milei expresó su deseo de librar una batalla cultural, aunque su proyecto intelectual ha sido calificado como modesto y mediocre. La Libertad Avanza ha heredado elementos del kirchnerismo, adaptándolos a sus propias obsesiones.
El término gorila se ha transformado en mandril, un nuevo mote que refleja la crítica hacia sus adversarios. La zoología del maltrato político se mantiene, pero se actualiza con nuevas denominaciones. Además de mandriles, el mileísmo introduce el concepto de kukas, que representa enemigos menores y más astutos.
La propuesta cultural de Laje y Márquez, quienes son considerados los pensadores cercanos a Milei, se caracteriza por su lenguaje directo y provocador. Laje, presidente de la Fundación Faro, y Márquez, su biógrafo, han sobrevivido a diferentes purgas dentro del entorno de Milei.
Ambos han compartido escenarios en eventos como La Derecha Fest, donde Márquez se destacó con un atuendo llamativo. Laje, por su parte, ha adoptado un estilo de oratoria que busca impresionar con citas y argumentos que, a menudo, son considerados superficiales.
Su discurso, aunque popular en ciertos círculos, carece de la profundidad que caracteriza a la tradición conservadora argentina. A pesar de su éxito en redes sociales, la batalla cultural que plantean se desarrolla en un contexto donde la sociedad argentina no comparte sus temores y prejuicios sobre la homosexualidad, lo que limita su impacto.
Además, su narrativa conspirativa, que vincula la izquierda con una supuesta amenaza a la identidad nacional, se asemeja a teorías previas que han sido ampliamente criticadas. En este sentido, su enfoque se encuentra en un vacío cultural que no resuena con la mayoría de la población argentina.
Finalmente, su propuesta intelectual se presenta como una extensión de ideas que, aunque pueden ser bien recibidas en otros países de la región, no logran captar el interés del público argentino, que se muestra escéptico ante sus afirmaciones y diagnósticos.
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