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¿Tapia o Scaloni?: Un dilema argentino que va más allá del fútbol

noviembre 23, 2025

Claudio “Chiqui” Tapia se presenta como una guía, ofreciendo un rumbo claro.

En su figura se sintetiza, con notable nitidez, todo aquello que Argentina necesita superar y dejar atrás. Esto trasciende el ámbito del fútbol, abarcando la institucionalidad y el sistema de convivencia.

El “vale todo” en la AFA

Los hechos son conocidos: como presidente de la AFA, Tapia ha impuesto la regla del “vale todo”. No existen normas ni reglamentos, solo la voluntad y el capricho del líder. Se reemplaza la figura del líder por la del “capanga”, donde las decisiones se toman según el deseo del jefe, sin importar las consecuencias para quienes intenten oponerse.

¿Tapia o Scaloni?: Un dilema argentino que va más allá del fútbol
*Imagen referencial generada por IA.

Tapia, cual caudillo caricaturesco, decreta cuándo empieza la Navidad. Es capaz de consagrar un campeón de una copa inexistente, abolir los descensos a su antojo, cambiar las reglas en medio de un campeonato o manipular resultados mediante un régimen de obediencia que alcanza a árbitros y al VAR. Esto desnaturaliza y degrada el deporte, pero va más allá, consagrando un sistema de discrecionalidad e impunidad tributario de un modelo social y político que tiende a extenderse y consolidarse. Se podría argumentar que “es el fútbol”, pero también es la Argentina, donde se naturaliza un manejo chapucero, irregular e imprevisible en los ámbitos institucionales.

Todo esto ocurre en un contexto turbio, donde los manejos económicos son opacos, las decisiones se toman en la penumbra y los debates se sofocan en un ambiente de temor.

Un símbolo de la Argentina sin reglas

La actual conducción de la AFA se ha convertido en un símbolo de la Argentina sin reglas, una ramificación de la cultura populista donde el caudillo está por encima de las normas. El hecho de que el estadio de Barracas Central lleve el nombre de “Claudio ´Chiqui´ Tapia” es un dato bizarro del personalismo que desnaturaliza la institucionalidad. Se estimula una cultura de la sumisión, inmortalizada en la imagen del asistente personal que se ocupaba del sudor del “patrón”.

El silencio dirigencial ante este despliegue de despropósitos y arbitrariedades es un síntoma que trasciende el fútbol. ¿Existe una cultura de hacerse los distraídos por conveniencia o comodidad? ¿Hay una tendencia a convalidar atropellos a cambio de una tajada de poder o recursos? Estas preguntas van más allá del fútbol, revelando cómo funcionan las complicidades y los silencios alrededor del poder.

Tal vez sea necesario plantear el interrogante de manera más amplia: ¿Existe en Argentina una dirigencia acomodaticia y oportunista que hace la vista gorda cuando le conviene o cuando no se siente afectada? ¿Se habría llegado al juicio de los Cuadernos si los líderes empresarios hubieran denunciado el festival de coimas durante el kirchnerismo?

Si se consolida, el modelo Tapia instalará la idea de que es efectivo conducir a través de la prepotencia y el miedo. Esto revelaría la dificultad para superar una debilidad estructural que carcome la institucionalidad argentina, así como la vigencia del “seguidismo” y la obsecuencia como patologías que corrompen al poder, legitimando liderazgos abusivos y personalistas en distintos estamentos sociales.

Tapia representa una secuela profunda del kirchnerismo en ámbitos que exceden al Estado, aunque mantienen lazos intrincados con la política y los gobiernos. En la AFA, muchos manejos quedan expuestos por la visibilidad del fútbol, pero esa misma cultura de opacidad emerge ahora en investigaciones judiciales sobre negocios en el mundo de la salud, como el caso Andis, la Agencia Nacional de Discapacidad que manejaba Diego Spagnuolo. ¿Cómo se explica un personaje como Miguel Ángel Calvete sin un manto de complicidades y silencios que protege un entramado de negocios?

Existen hilos que conectan a Tapia con esas zonas oscuras en las que se movía Calvete. El financista Ariel Vallejo, cercano al presidente de la AFA, está siendo investigado por presuntas maniobras de lavado de dinero. Su financiera fue allanada en la causa que investiga presuntas coimas en la Andis, bajo la sospecha de ser un engranaje del circuito de sobornos en el que habrían participado droguerías y farmacias.

Tapia no es un electrón suelto en la vida pública argentina. Además de dirigir la AFA, es presidente del Ceamse, la empresa estatal que gestiona los residuos en el área metropolitana, por designación del gobernador Axel Kicillof, quien también le entregó las llaves del Estadio Único de La Plata.

No se puede hablar del “modelo Tapia” sin mencionar a Pablo Toviggino. Tesorero de la AFA, es el brazo ejecutor de una conducción basada en la prepotencia y el apriete, con una actitud patoteril propia de matones, no de dirigentes. Toviggino representa una cultura enquistada en muchos estamentos políticos: a los críticos se los insulta y descalifica; a la oposición se la doblega y calla. Las normas de convivencia y tolerancia son cosa de “tibios”, “ñoños” y “moderaditos”. Son los códigos de la barra brava llevados al ámbito institucional.

Toviggino es también un producto de la política. Su ascenso en la dirigencia deportiva se explica por su vínculo con el santiagueño Gerardo Zamora, una relación que debería examinarse como parte de la trama de favores y negocios alrededor de Tapia.

El fútbol ofrece una paradoja: por un lado, la fórmula Messi y Scaloni resulta virtuosa e inspiradora, basada en profesionalismo, disciplina, talento y esfuerzo, alcanzando logros internacionales y dando un ejemplo. Por otro

Fuente original: ver aquí