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Subte Línea F: Cambios y Tránsito en la Entrada Sur de Buenos Aires

noviembre 18, 2025

La incorporación de una nueva línea de subterráneos en la Ciudad de Buenos Aires promete transformar la dinámica de una extensa área del mapa porteño. El barrio de Barracas, donde se construirá la terminal sur de la línea, se prepara para una revolución que sus habitantes siguen de cerca.

Si bien la línea F ha sido considerada en proyectos anteriores, esta vez se ha dado un paso significativo con el llamado a licitación pública nacional e internacional para su ejecución. El gobierno porteño informó que más de 30 empresas de Europa y Asia han mostrado interés, y la licitación para la ingeniería, construcción y equipamiento ya está en curso.

La inversión estimada para este proyecto es de 1350 millones de dólares, e incluye la instalación de sistemas de señalización, ventilación, material rodante y automatización. El cronograma oficial establece el inicio de las obras en 2026 y su finalización en 2031. Se estima que la línea F beneficiará a 300.000 pasajeros diarios, funcionando como un eje transversal sur-norte que conectará barrios sin acceso directo a este medio de transporte.

Subte Línea F: Cambios y Tránsito en la Entrada Sur de Buenos Aires
*Imagen referencial generada por IA.

Esta será la séptima línea de subte de la ciudad, la primera en construirse desde la inauguración de la línea H. Su terminal sur se ubicará entre Brandsen y Suárez, sobre la avenida Montes de Oca. Con 12 estaciones proyectadas, la línea unirá Barracas con Palermo a lo largo de 9,8 kilómetros, conectando con las líneas A, B, C, D y H. En Constitución, se integrará con el Ferrocarril Roca, el servicio ferroviario con mayor afluencia de pasajeros del país.

Barracas: Un Barrio en Transformación

En Barracas, la llegada de la primera línea de subte al barrio es motivo de celebración. Este proyecto representa un objetivo largamente esperado para quienes viajan diariamente hacia la ciudad.

Sin embargo, ha surgido un debate en torno al impacto que tendrá en el estacionamiento, un problema preexistente debido al flujo diario de vehículos que ingresan desde la provincia. A diferencia de otras extensiones de la red, la línea F tendrá su cabecera en un borde metropolitano, donde convergen accesos viales, transporte público y pasajeros provenientes de la provincia.

Los residentes señalan que las calles se llenan de vehículos que cruzan el Puente Pueyrredón, cuyos conductores estacionan para continuar su viaje hacia el centro en colectivo. Por la noche, las calles se despejan. Algunos describen el barrio como un “estacionamiento de larga estadía” para quienes prefieren no dejar su auto en Avellaneda. La pregunta es cómo afectará esta dinámica la llegada del subte.

Vecinos y comerciantes coinciden en la necesidad de planificar el espacio urbano que rodeará la obra. Proponen soluciones como playas de estacionamiento disuasorias cerca del puente, tarifas combinadas con el boleto del subte para incentivar a dejar el auto antes de ingresar a la ciudad, y un refuerzo de la fiscalización para evitar el estacionamiento prolongado en zonas residenciales.

En la zona conviven el entusiasmo de los comerciantes que esperan un aumento en la actividad y el de los residentes que tendrán una mejor conexión con el resto de la ciudad, junto con la preocupación por el tránsito diario.

Chiara Figari Eiguren, encargada de un bar en la zona, cree que la llegada de la línea F puede ser positiva para los comerciantes, trayendo más vida a un área que ha estado olvidada. Nilda, dueña de un local de ropa con 40 años en la zona, se muestra más cautelosa y advierte que, si no hay una playa de estacionamiento accesible o un abono combinado con el pasaje del subte, la situación podría complicarse para quienes trabajan en el barrio. José, al frente de una sedería tradicional, considera que la línea F facilitará la llegada de clientes de otros barrios, pero que es necesario reordenar el tránsito y prever estacionamientos en los accesos, con tarifas combinadas.

Mariana, vecina del barrio, cuenta que ya no usa el auto debido a la dificultad para estacionar. Rubén Quintero, otro residente, expresa su frustración por la situación actual y teme que la llegada del subte empeore el problema si no se controla el uso de Barracas como playa de estacionamiento.

Fuentes del gobierno porteño señalaron que la llegada del subte a nuevos barrios contribuye a mejorar los entornos y las centralidades, generando oportunidades de inversión del sector privado, como estacionamientos que incentiven la intermodalidad. Además, se comprometieron a estudiar proyectos que mejoren el tránsito y la circulación en la zona.

Beneficios para Avellaneda

En Avellaneda, predomina el entusiasmo. Los vecinos coinciden en que la futura línea F reducirá los tiempos de viaje y evitará la congestión de colectivos hacia Constitución, un punto crítico para quienes cruzan diariamente hacia la ciudad. Para muchos, la obra es un paso fundamental hacia una movilidad más integrada entre ambos márgenes del Riachuelo.

Sergio Olivera, empleado metalúrgico que viaja diariamente desde Avellaneda hasta el microcentro, calcula que podría ahorrar entre 20 y 30 minutos por día. Rocío Martínez, estudiante de la Universidad de Avellaneda, celebra la llegada del subte y pide ampliar la mirada sobre los beneficios del proyecto, considerando la movilidad del AMBA en su conjunto. Luis, comerciante de Avellaneda, cree que la línea F favorecerá directamente a los habitantes de la zona, permitiéndoles combinar transporte sin depender tanto del colectivo o del auto. Sin embargo, coincide en la necesidad de crear una playa de estacionamiento del lado de provincia, con una tarifa accesible y conexión directa al subte.

Andrés Borthagaray, arquitecto y urbanista, compara la situación con la de los usuarios del ferrocarril Urquiza, muchos de los cuales combinan con la línea B. Destaca la importancia de “pensar el entorno de las estaciones como un conjunto”. Guillermo Tella, arquitecto y urbanista, señala que el anuncio

Fuente original: ver aquí