
Soledad Costantini, editora y directora del Malba Literatura, abre las puertas de su casa y comparte detalles de su vida personal y profesional junto a su marido, Eugenio Aguirre.
Un legado familiar y una identidad propia
Presentar a Soledad Costantini como la hija del financista y coleccionista Eduardo Costantini, o de la actriz y directora de cine María Teresa Correa Ávila, sería incompleto. Ella se define como un “mix de todo lo que he amado y amo”. Reconoce en su padre a un “abridor de mundos, un visionario”, y en su madre, a una “mujer generosa y creativa”.
Sin embargo, Soledad enfatiza la importancia de forjar una identidad propia. “Una ya es por lo que es! Es una quien tiene que ocuparse de buscar quién es y cuál es su propósito”, afirma. Lleva su apellido con naturalidad, destacando que la fama asociada a él llegó cuando ya era adulta y enfocada en su propio camino.

Trayectoria profesional
Con una trayectoria de veinticinco años al frente del Malba Literatura, Soledad Costantini ha dejado una huella significativa en el ámbito cultural. Fue fundadora, junto a Leandro Pinkler, de la editorial El hilo de Ariadna, y creadora, junto a Pablo Braun, de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (FILBA). Además, es gestora de la Residencia para Escritores (REM) del Malba.
Soledad, de 57 años, comparte su vida con siete hermanos, cuatro hijos, dos nietas y una pasión por la literatura y la filosofía. “El camino de la literatura y la filosofía es infinito. Leer ayuda, entretiene y te hace evolucionar”, reflexiona. Aunque en un momento consideró dedicarse a la escritura, encontró su vocación como editora.
Un amor inesperado
Por primera vez, Soledad abre las puertas de su casa junto a Eugenio Aguirre, su pareja desde hace más de seis años. Eugenio, de 62 años, también comparte detalles de su relación.
La historia de amor entre Soledad y Eugenio comenzó de manera inesperada. Se conocían desde hacía tiempo, ya que sus hijos fueron compañeros de colegio. “Soledad era, para mí, una mami del colegio: ni la miraba”, recuerda Eugenio. Sin embargo, tras coincidir en un grupo de separados y cruzar miradas en un par de ocasiones, Eugenio comenzó a ver a Soledad de otra manera. “Una mirada, una risa encendió la chispa. Me enamoré de manera inesperada”, confiesa.
Ensamble de vidas
Ambos provenían de relaciones largas, lo que planteaba el desafío de ensamblar sus vidas. “Las cosas se ensamblaron a nosotros más que nosotros a las cosas”, explica Eugenio. Al principio, se sentía intimidado por la erudición de Soledad, pero la relación floreció de manera natural.
“La historia con Eugenio fue, para mí, una bendición; un golpe de amor que me sorprendió. Es mi mejor amigo, el guardián de mi corazón, el hombre que me protege”, expresa Soledad. Destaca la profunda conexión, honestidad y pasión que comparten. La pareja se casó en una ceremonia íntima en Bali, en mayo de 2024.
Convivencia y proyectos compartidos
La convivencia ha sido armoniosa. Soledad elogia el orden y el buen gusto de Eugenio para la decoración. Él se encargó del interiorismo de la casa, que fue construida en varias etapas. La hija de Soledad, Delfina, arquitecta, realizó la última reforma, y Eugenio le dio su toque personal.
Eugenio también intervino en la biblioteca del living, un espacio sagrado para Soledad. Aunque la negociación fue “bastante difícil”, logró crear un ambiente cálido y con carácter, incorporando iluminación y objetos favoritos de Soledad, como corales y piedras energéticas.
Disfrute y evolución personal
En esta etapa de la vida, con los hijos ya crecidos, la pareja disfruta de tiempo para el disfrute y nuevos proyectos. “Nos pellizcamos cada día para estar seguros de lo que nos pasa es real”, dice Eugenio. Comparten la libertad de elegir lo que hacen y disfrutan conscientemente de cada momento.
Se alientan mutuamente en sus proyectos personales. Eugenio apoya a Soledad en su pasión por la fotografía, mientras que ella lo acompaña en su nuevo emprendimiento de interiorismo en el real estate. “Tengo la concepción de una familia muy unida: para mí, la familia y los afectos son lo más importante”, concluye Soledad.
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