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A bordo del Mazda MX-5: un clásico que desafía al tiempo

agosto 30, 2025

Viajo a 120 km/h por una autopista, pero entre el ruido, el ligero dolor de cabeza y la cercanía al suelo, siento que voy más rápido. No necesito ir más deprisa, estamos bien como estamos. Queda poco para llegar, apenas unos kilómetros para tomar el desvío a la derecha y detenernos en el primer pueblo de la sierra madrileña que se nos presenta.

Es verano. Todavía. El sol no ha caído del todo, pero ya se sienten esos días de declive estival. Tardes algo perezosas en las que la puesta de sol parece haberse comido un cuarto de hora al día anterior. Un agradable fresco tras un agosto verdaderamente caluroso.

Por eso me detengo a un lado y presiono el botón de la consola central. Me desperezo como lo hace este Mazda MX-5 al quitar su techo retráctil. Lo hace en segundos, pero sin prisa. No hay prisa. Ninguna.

Un presente que sabe a pasado

Es exactamente eso lo que Mazda tenía en mente cuando presentó su Mazda MX-5 a finales de los años 90. Su Miata.

Los años 80 se caracterizaron por una evolución intensa en el mundo de los deportivos. Los turbo cambiaron el mercado con opciones irracionales por aquel entonces, como el Peugeot 205 o el Renault 5. Al final de los años 80, ya se vislumbraba la hegemonía de los deportivos japoneses. A principios de los 90, los nipones tenían auténticos superdeportivos en sus manos.

Mientras tanto, una pequeña compañía hacía lo que mejor sabía: ir a su aire. En plena carrera por la potencia y la tracción total, Mazda lanzó un pequeño descapotable que retomaba la filosofía de los roadsters ingleses con la fiabilidad japonesa. No era, ni mucho menos, el más rápido. Tampoco pretendía serlo.

Su filosofía se mantiene hasta hoy. Aunque la unidad probada tiene un enfoque más agresivo, sigue siendo un coche basado en pilares sólidos: ligereza y precio accesible.

Más de 35 años después de su primera presentación, estos pilares siguen en pie. ¿Es un coche de 35.000-40.000 euros un coche caro? Lamentablemente, si buscas una alternativa al Mazda MX-5, no existe. Es el último de su especie. Si buscas un descapotable, manual y de tracción trasera, lo más parecido es un Mini Cabrio, pero pesa 300 kg más y tiene cambio automático. Además, es tracción delantera.

El Miata proviene del pasado y amenaza con quedarse allí. Sus 142 gr/km de CO2 parecen un atentado ambiental si consideramos que el objetivo de Europa es situarse por debajo de 93,6 gr/km de CO2 en la media de emisiones para 2027. Si Mazda no quiere recibir multas, necesita vender muchos eléctricos.

Con un horizonte que ofrece elegir entre eléctrico o multas millonarias, el Mazda MX-5 está en peligro de extinción. Su fórmula pertenece al pasado. Hemos llegado a un punto donde el coche pequeño, ligero y disfrutable parece no existir. El eléctrico arrasa con el formato ligero, afectando el placer de conducir.

Sabe a pasado. Veremos si no queda allí.

No hay prisa

El MX-5 es particular.

No es rápido. La unidad que tengo entre manos cuenta con un motor gasolina 1.5 de 132 CV y cambio manual. En un mercado lleno de motores potentes, esos 132 CV podrían parecer ridículos.

Y lo serán para quienes busquen velocidad. Pero ese no es el enfoque del Miata. El MX-5 nació para ser disfrutado con tranquilidad. Es como una comida en un buen restaurante donde todo llega a su debido tiempo, muy lejos de un atracón de comida rápida.

Disfrutas viendo cómo la curva se acerca, reduces marchas y pisas el acelerador para estirar al máximo un motor atmosférico que ya no se encuentra. Sin el empujón del turbo, el placer de ver cómo la aguja supera las 6.000 rpm es único.

La mejor cualidad del pequeño juguete de Mazda es engañarte. Frenas, juegas con el cambio y diriges el coche donde deseas, sintiendo que vas rápido. Pero, en realidad, no circulas rápido, solo lo parece.

No se necesitan buenas manos para disfrutar del roadster nipón, lo que lo hace ideal para quienes buscan un coche placentero para el fin de semana y, si las circunstancias lo permiten, un coche de diario. Este enfoque alejado de radicalismos permite que el MX-5 se venda como coche para el día a día.

Sobre todo para disfrutar sin reparos en trayectos anodinos, mientras que un fin de semana te permites salir sin el remordimiento de estar desaprovechando un coche que podría rendir más en un circuito.

Pensando en esto, el coche vuelve a apoyarse y cambia el reparto de pesos con suavidad mientras enlazo curvas. Freno un poco y dejo pasar a un SUV que viene en sentido contrario. Ahora sí tengo la sensación de viajar en un juguete. Mi cabeza está a la altura de sus luces delanteras.

No quiero pensar en qué pasaría en caso de accidente. Se me olvida rápidamente al cruzar la siguiente localidad. Apenas quedan unos ancianos en la puerta de casa. Sonríen al ver pasar el coche. Quizás por el coche, quizás por mi sonrisa.

Toca volver a casa, salir a la aburrida autopista y plegar el techo.

Mañana es día de luto.

Mañana toca devolver el coche.

Fuente original: ver aquí