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Intel se convierte en socio forzoso de Estados Unidos tras venta de acciones

agosto 27, 2025

Intel ha vendido el 10% de su empresa al gobierno de Estados Unidos por 8.900 millones de dólares. Esta transacción confirma que el fabricante de chips más emblemático del mundo ya no puede subsistir sin asistencia estatal.

La panorámica

Durante tres décadas, las pegatinas ‘Intel Inside’ en millones de ordenadores simbolizaron el dominio estadounidense en el sector de semiconductores.

  • Intel y Microsoft crearon la era “Wintel” que definió la computación personal.
  • En 2009, la administración Obama presentó cargos antimonopolio contra Intel por su posición dominante.

En la actualidad, la empresa tiene un valor de 108.000 millones de dólares, mientras que NVIDIA, su antigua subordinada, alcanza los 4,3 billones.

Qué ha ocurrido

El viernes pasado, Donald Trump anunció que Estados Unidos adquiría el 10% de Intel a cambio de fondos prometidos bajo el CHIPS Act. Aunque no se considera un rescate, se asemeja a uno. Trump lo presentó como un gran negocio: “Pagué cero por Intel, vale aproximadamente 11.000 millones de dólares”.

Sin embargo, la realidad es más compleja: Intel llevaba meses esperando esos 8.900 millones ya comprometidos por la administración anterior.

La empresa necesitaba urgentemente el dinero:

  • Su división de fundición perdió 13.400 millones de dólares el año pasado.
  • Ha despedido a entre 8.000 y 10.900 trabajadores.
  • Los propios equipos de producto de Intel prefieren que TSMC fabrique sus chips en lugar de utilizar sus fábricas.

Por qué es importante

Esta operación marca un punto de inflexión en tres frentes críticos:

  1. Para Intel: significa perder autonomía empresarial, ya que el 76% de sus ingresos provienen del extranjero, con China representando el 29%. Cada decisión estará bajo el escrutinio político del gobierno estadounidense.
  2. Para Estados Unidos: representa el regreso del capitalismo de estado en el sector tecnológico, siendo esta la primera intervención gubernamental directa en una empresa desde el rescate de la industria automotriz en 2008.
  3. Para Europa: es preocupante, ya que la Unión Europea depende parcialmente de Intel para sus ambiciones de soberanía tecnológica en semiconductores. Si el mayor fabricante occidental de chips se convierte en un instrumento de la política industrial estadounidense, Europa se encuentra en una posición más vulnerable frente a Asia.

El gobierno de Trump ya solicitó a TSMC que ayude a rescatar las fábricas de Intel y ha tomado medidas similares en otras empresas, indicando que la industria de semiconductores ahora es un asunto de seguridad nacional.

Entre líneas

El problema fundamental de Intel no se soluciona con dinero público:

  • La empresa falló en el sector de smartphones al rechazar fabricar chips para el primer iPhone.
  • Llegó tarde a la inteligencia artificial mientras NVIDIA avanzaba.
  • Perdió su liderazgo en fabricación frente a TSMC, que cuenta con mejor tecnología y un modelo de negocio superior.

Como señaló el CEO de Intel, Lip-Bu Tan, “hace veinte o treinta años éramos líderes. Ahora el mundo ha cambiado. No estamos entre las diez principales empresas de semiconductores”.

Su supervivencia depende del éxito del nodo de fabricación 18A, su última apuesta tecnológica.

Y ahora qué

Intel es ahora una empresa respaldada por el estado, algo que sus directivos advirtieron podría alejar a los clientes. Mientras tanto, Trump promete más acuerdos similares y sugiere la creación de un fondo soberano estadounidense con participaciones en empresas tecnológicas.

Esto crea un escenario de competencia desleal para competidores como AMD y Qualcomm, que ahora deben competir contra una empresa con el gobierno estadounidense como principal accionista.

El senador Rand Paul resumió la situación con ironía: “Si el socialismo es el gobierno poseyendo los medios de producción, ¿no sería el gobierno poseyendo parte de Intel un paso hacia el socialismo?”. Paradójicamente, Bernie Sanders, un socialista declarado, aplaudió la medida.

Intel ha pasado de ser un símbolo del capitalismo tecnológico estadounidense a convertirse en la primera gran empresa semi-nacionalizada del siglo XXI.

Para Europa, que lucha por mantenerse a la vanguardia en la carrera tecnológica, esto representa una señal de alarma: la era del libre mercado en semiconductores ha terminado.

Fuente original: ver aquí