
En dos semanas, Francia podría quedar sin Gobierno nuevamente, cuando el actual —el segundo en un año— lleva apenas ocho meses en el poder. El inesperado anuncio del primer ministro francés, François Bayrou, de someterse a un voto de confianza en la Asamblea el próximo 8 de septiembre deja al Ejecutivo en una situación delicada y abre un nuevo periodo de incertidumbre política. La oposición, desde la izquierda hasta la extrema derecha, ha anticipado que no le brindará su apoyo, lo que lo obligaría a dimitir, y no se descarta la posibilidad de elecciones legislativas anticipadas. Las últimas se llevaron a cabo hace poco más de un año.
Bayrou tiene solo dos semanas para revertir lo que parece inevitable si no obtiene la confianza parlamentaria. “Los franceses tienen 13 días para, a través de sus representantes políticos, decidir si se ponen del lado de la responsabilidad o del caos”, advirtió el lunes durante un acto.
El 8 de septiembre, Bayrou deberá defender ante la Asamblea su polémico plan de recortes presupuestarios de 44.000 millones de euros, anunciado el pasado 15 de julio y que ha originado esta crisis. Con este paquete busca abordar la deuda del país, que se eleva al 114% del PIB y es la tercera más alta de la zona euro, así como un déficit del 5,4% este año, muy por encima del 3% establecido por Bruselas.
Este endeudamiento representa una “grave amenaza” para el país, según el primer ministro. La incertidumbre política ya ha impactado en los mercados, donde la mayoría de las bolsas europeas cerraron a la baja, y el principal índice bursátil, el CAC 40, cayó un 1,7%, después de haber cedido un 1,6% el día del anuncio de Bayrou. La banca francesa sufrió las mayores caídas.
La prima de riesgo, indicador de la fiabilidad que otorgan los inversores a la economía de un país, se sitúa en 78 puntos, siete más que hace dos días. El bono a 10 años de deuda francesa alcanzó su nivel más alto desde marzo, con un 3,5%. “En 15 días pagaremos nuestra deuda más cara que Italia”, pronosticó el ministro de Economía, Eric Lombard, quien ha prácticamente asumido la caída del Gobierno, aunque intentó minimizar la alarma al afirmar que “hoy no hay una amenaza de intervención ni del Fondo Monetario Internacional ni del Banco Central Europeo”.
Bayrou planteaba someterse al voto del Parlamento en un primer momento para debatir la urgencia de los recortes y, en un segundo tiempo, negociar las medidas concretas. Sin embargo, parece poco probable que se alcance esta etapa. Con una minoría en la Asamblea, no tiene los votos necesarios para salir respaldado en la moción de confianza, a menos que se produzca un acuerdo con los socialistas, que ya han manifestado que no le brindarán su confianza. No obstante, Bayrou se mostró abierto a “hacer contribuir más a los ricos” en estos ajustes si su Gobierno sobrevive.
El anuncio del voto de confianza sorprendió a los partidos, ya que la oposición había amenazado con censurarlo este otoño antes de que comenzara el debate de las cuentas. Bayrou ha logrado sortear ocho mociones gracias a la abstención de los socialistas y del partido de Marine Le Pen, el Reagrupamiento Nacional, que es el que más diputados tiene en la Asamblea y del que hasta ahora dependía la supervivencia del Ejecutivo.
La anticipación de Bayrou a esta censura “es como una dimisión”, según valoró el diputado socialista Boris Vallaud. Por el momento, el primer ministro solo cuenta con el apoyo de Los Republicanos. Bruno Retailleau, miembro de este partido conservador y actual ministro del Interior, anunció que le brindarán su confianza porque “votar la caída del Gobierno es votar contra los intereses de los franceses”.
Bayrou reunió este martes a varios miembros del Gobierno, a quienes pidió “pasar a la ofensiva” para convencer a los grupos parlamentarios de que cambien su voto. En su intervención en un acto del sindicato CFDT, bromeó al ver dos micrófonos en los extremos: “Hay uno a la derecha y otro a la izquierda, me habría gustado que hubiera uno en el centro”.
El comentario ilustra el panorama político francés, resultado de las elecciones legislativas que Emmanuel Macron convocó anticipadamente hace poco más de un año. La Asamblea quedó dividida entre tres grupos: el partido de Macron y sus aliados, el bloque de izquierda y la extrema derecha, ninguno con mayoría y con dificultades para llegar a acuerdos. Desde entonces, el país ha tenido dos Gobiernos. El anterior, el del republicano Michel Barnier, fue censurado al intentar aprobar los presupuestos de este año, que también contemplaban importantes recortes, y duró apenas tres meses.
Si el Gobierno cae, Macron puede nombrar un nuevo primer ministro, aunque sus opciones se van agotando. Siempre ha descartado candidatos de la extrema derecha o de la izquierda de La Francia Insumisa, pero podría negociar con el Partido Socialista o con los ecologistas. Otra alternativa sería disolver la Asamblea y convocar elecciones legislativas nuevamente. Como ha pasado más de un año desde las últimas, legalmente puede hacerlo, aunque esto profundizaría la inestabilidad política que ha existido desde entonces.
Para Marine Le Pen, cuyo partido ganó la primera vuelta electoral de aquellos comicios, esta “es la única manera de que los franceses decidan su destino”. El partido ha convocado a su equipo de campaña para la próxima semana. Dentro del propio Gobierno, el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ha señalado que “la disolución le cuesta cara a Francia, pero no debe ser descartada como hipótesis”. El líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, ha ido más allá al exigir la dimisión de Emmanuel Macron, quien actualmente enfrenta su nivel de popularidad más bajo desde que asumió el Elíseo en 2017.
Dos días después de la moción de confianza, el 10 de septiembre, hay un llamado para bloquear el país en protesta por los polémicos recortes que propone Bayrou. Estos debían debatirse a mediados de octubre, aunque para entonces Francia podría estar sin un proyecto de presupuestos y sin Gobierno. Según un sondeo realizado por Elabe para la cadena BFM, siete de cada diez franceses no desean que el primer ministro supere la moción de confianza.
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