
Intel ha acordado vender al Gobierno de Estados Unidos el 10% de su empresa por un valor de 8.900 millones de dólares. Esta medida intervencionista tiene enormes implicaciones no solo para Intel, sino para toda la industria de semiconductores, especialmente la estadounidense.
Crisis histórica
La crisis histórica que atraviesa Intel sigue sin resolverse. Su nuevo CEO, Lip-Bu Tan, ha reconocido que la empresa ya no se encuentra entre las diez principales del sector. Los despidos masivos y la decisión de apostar todo a la litografía 18A plantean un futuro complicado para la compañía, que necesita margen de maniobra. Aunque acaba de obtenerlo, no se sabe a qué precio.
El acuerdo
Según indican en Intel, Estados Unidos invertirá 8.900 millones de dólares en acciones de la empresa, lo que se suma a los 2.200 millones de dólares que el Gobierno pagó como parte del CHIPS and Science Act, un programa federal destinado a revitalizar la industria de semiconductores del país.
Intel era demasiado grande para caer
A pesar de su momento de debilidad, Intel ha recibido dos rescates recientes: uno de 2.000 millones de dólares por parte de SoftBank y el actual del Gobierno de EEUU. Esta intervención es notable, ya que es la primera vez que el Gobierno de EEUU toma una participación en una empresa desde el rescate de la industria automovilística en 2008.
Potencial pérdida de autonomía
El acuerdo es económico y no habrá representación oficial del Gobierno en el consejo de administración de Intel. Sin embargo, la presión política aumentará y cada decisión empresarial se verá a través de un prisma diferente, ya que hay dinero público en juego.
¿Tiempos desesperados, medidas desesperadas?
Aceptar este rescate gubernamental puede ser un indicio de que Intel estaba en una situación crítica. Esto podría afectar la confianza en el liderazgo de Lip-Bu Tan, quien ha sido acusado por el senador Tom Cotton de invertir en empresas chinas, lo que ha generado desconfianza en su gestión.
Un acuerdo lógico para la hoja de ruta de Trump
El presidente de EEUU ha buscado centralizar la producción de semiconductores y proteger a Intel, mitigando la dependencia de Taiwán y de la importación de tecnología desde China. El Secretario de Comercio, Howard Lutnick, señaló que este acuerdo es beneficioso para el gobierno estadounidense, ya que plantea la inversión como un subsidio, pero no a fondo perdido.
Favoritismo
La politización del negocio de semiconductores podría provocar alianzas incómodas y distorsionar la competencia. Las agencias gubernamentales podrían inclinarse a comprar chips de Intel, mientras que competidores como Apple, AMD, NVIDIA o Qualcomm podrían verse perjudicados en un panorama de favoritismo gubernamental.
Imagen | Intel
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