
El departamento de la arquitecta Mónica Schuvaks se destaca por su singularidad, ubicado en el último piso del único edificio de fachada art decó que permanece en la zona de la Embajada de Estados Unidos. Originalmente concebido en los años 20 como atelier para el hijo de un constructor, el espacio cuenta con un altísimo techo de cañón abovedado y una claraboya que permite la entrada de luz natural.
El lugar, que anteriormente fue un estudio jurídico, presenta paredes de madera con boiserie y bibliotecas enmarcadas en arcos de estilo Tudor. Posteriormente, se transformó en el célebre estudio de arquitectura de Schuvaks, donde se recibían a los clientes y se proyectaban proyectos arquitectónicos.
Desde hace algunos años, Mónica decidió mudarse a este espacio, conservando elementos como la claraboya y las bibliotecas. “Necesito habitar espacios con aire y luz, pero principalmente, que tengan carácter”, afirma Schuvaks.
La arquitecta, que ha participado en once ediciones de Casa FOA y ha recibido varios premios, se siente cómoda en un lugar que refleja su estilo personal. La integración de la cocina al gran ambiente central fue clave para darle identidad a su vivienda. “Estaba cerrada y en esa pared había una parte de las bibliotecas. Yo las saqué, las corrí, rearmé algunos fragmentos y uní la cocina con ventana y barra”, explica Mónica.
Con casi medio siglo de experiencia en el rubro, Mónica se define como una “recicladora”, enfocándose en reformas y adaptaciones de espacios. “Prefiero crear a partir de algo que ya existe, tomar lo que hay, modificarlo, reinventar”, concluye.
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