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Estados Unidos busca negociar la paz en Ucrania mientras Rusia avanza en sus objetivos

agosto 19, 2025

El fin de semana comenzó un “viaje” que ha culminado con la reunión de Trump con Zelenski y los líderes europeos, en medio de negociaciones sobre el final de la guerra en Ucrania. En el último encuentro se evitó un choque temido, pero se dejó al descubierto un proceso de paz incierto y repleto de trampas. Mientras Kiev y sus aliados buscaban garantías de seguridad claras y frenar la idea de que ceder territorio sea condición previa, Moscú ha logrado algo inesperado: tener una baraja ganadora.

El último encuentro

La percepción de victoria en Moscú se debe a varios factores, principalmente por la torpeza del enviado Steve Witkoff y la complacencia de Trump al considerar que las exigencias territoriales de Rusia son un punto de partida. Putin insiste en que Ucrania debe abandonar lo que aún controla en Donetsk y Lugansk, una cesión imposible para Zelenski sin incurrir en un suicidio político y militar, pero cuya negativa podría ser presentada como un obstáculo para la paz.

Europa ha decidido centrar sus esfuerzos en vagas promesas de “protección del Artículo 5” de la OTAN, que carecen de precisión y compromisos militares efectivos, mientras Trump ofrece solo “ayuda y coordinación” indirecta.

El fracaso de Alaska

La clave de toda la negociación se dio el fin de semana. La cumbre celebrada en Anchorage entre Trump y Putin resultó en un fiasco diplomático que cuestionó la estrategia estadounidense hacia la guerra en Ucrania. Trump buscaba un alto el fuego inmediato, pero Putin se negó a ceder, reafirmando objetivos que equivalen, en la práctica, a la capitulación ucraniana.

A cambio del trato de invitado de honor y de la rehabilitación simbólica de un líder bajo constante escrutinio en Occidente, el presidente estadounidense apenas obtuvo cumplidos vacíos. Lejos de presionar, renunció a amenazar con consecuencias severas y ni siquiera mencionó la posibilidad de un encuentro a tres bandas con Zelenski, lo que evidenció una posición de debilidad y una preocupante alineación con la narrativa rusa.

Putin se impone

Durante la rueda de prensa conjunta, Putin insistió en que para lograr una solución sostenible debían atenderse las “causas profundas” del conflicto, lo que implica revertir la expansión de la OTAN desde 1997, garantizar que Ucrania no se una jamás a la Alianza Atlántica, reducir el tamaño de las fuerzas armadas de Kiev y consolidar la pérdida de territorios ocupados.

Esto se traduce en un rediseño de la arquitectura de seguridad europea bajo parámetros dictados por Moscú. Trump, lejos de rechazar estas pretensiones, dio a entender que estaba dispuesto a discutirlas, trasladando la carga de alcanzar un acuerdo a Ucrania y sus aliados europeos.

Negociación a medida

Trump asumió la tesis de Putin de avanzar hacia un acuerdo global en lugar de un alto el fuego provisional, opción que antes compartía Kiev, pero que hoy favorece únicamente a Moscú, permitiéndole dilatar conversaciones y consolidar ocupaciones.

Las exigencias territoriales rusas, que incluyen obligar a Ucrania a renunciar a partes de Donetsk y Lugansk, constituyen una línea roja para Kiev y Europa. Sin embargo, Trump declaró haber coincidido con Putin “en la mayoría de los puntos”, lo que sugiere una disposición peligrosa a validar una amputación territorial que debilitaría militarmente a Ucrania, desestabilizaría su política interna y abriría la puerta a nuevas agresiones rusas.

El enigma USA

Este viraje plantea dos lecturas inquietantes: o bien Trump simpatiza con la lógica de fuerza bruta que legitima la anexión territorial, o bien es moldeado con facilidad por su último interlocutor, sin una estrategia coherente. En el primer caso, Ucrania y Europa enfrentarían un obstáculo insalvable. En el segundo, aún podrían intentar reorientar su postura en futuras reuniones. En cualquier caso, el éxito diplomático que los europeos creyeron haber asegurado se ha demostrado ilusorio.

Repetición de patrones

La escena de Anchorage evocó el encuentro de Helsinki en 2018, cuando Trump confió más en la palabra de Putin que en los propios servicios de inteligencia estadounidenses. La cercanía personal con el mandatario ruso se tradujo en concesiones estratégicas.

Para muchos observadores, la cumbre recordó los ecos del Acuerdo de Múnich de 1938, cuando Neville Chamberlain cedió parte de Checoslovaquia a Hitler en un vano intento de apaciguamiento. Figuras como Boris Johnson calificaron el episodio de “vomitivo” y uno de los peores momentos de la diplomacia internacional moderna.

Horizonte de incertidumbre

Aunque Trump habló de “acuerdos” y Putin aludió a un misterioso “entendimiento” alcanzado en Alaska, no hay señales de que el Kremlin esté dispuesto a renunciar a sus demandas más extremas. La aparente euforia de la delegación estadounidense contrasta con la cruda realidad: no hay alto el fuego, no hay sanciones adicionales y no hay plazo que limite la ofensiva rusa.

Así, la guerra, lejos de acercarse a su final, se prolonga con un nuevo ingrediente de inquietud: la disposición del presidente estadounidense a legitimar las exigencias de Moscú en nombre de una paz que, de materializarse en los términos actuales, tendría más de capitulación que de solución duradera.

Fuente original: ver aquí