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La autocrítica del peronismo: un desafío pendiente

agosto 17, 2025

El ensayista argentino alude puntualmente a Lenin y a su clásico panfleto político: “Allí no nos dice qué hay que hacer cuando tomemos el poder, sino lo que debemos hacer con nosotros mismos para que nos resulte posible hacerlo”, advierte Alejandro Horowicz, autor del libro Los cuatro peronismos y erudito en historia y politología. La articulación de una autocrítica dolorosa se puede encontrar en YouTube: “Lenin nos explica que la estrategia no es de cinco tipos inteligentes, sino una invención popular que cinco tipos inteligentes leen correctamente y sintetizan”, recuerda. “No se trata de hacer una amalgama de cualquier cosa, la lista única, que es exactamente lo contrario de cualquier síntesis: un simple amuchamiento. Acá se trata de entender cómo estamos donde estamos y cómo vamos a dejar de estar ahí. Lo primero es admitir nuestra perplejidad: hemos hecho una cantidad de intentos, de una determinada manera y a lo largo de muchos años… y el resultado es Milei. No miremos la paja en el ojo ajeno sino la viga en el propio.

Este autoexamen se escucha poco en la dirigencia justicialista y dentro del “progresismo” que lo acompañó por más de veinte años; los líderes de Fuerza Patria deberían prestar más atención a sus intelectuales inorgánicos, como el sociólogo Pablo Semán, que ha rastreado las napas profundas de la sociedad: “Milei no tiene con quien perder”, señala. O a Martín Rodríguez, director de la revista Panamá, quien afirmó que “el kirchnerismo y la disciplina política han engendrado personas dispuestas a pensar por debajo de sus capacidades. El peronismo teme plantear disidencias; cada vez queda más claro que el proyecto es una cosa cerrada y que quien pide unidad pide la reproducción de un sistema de decisiones preexistente.”

Estas reflexiones se entrelazan con el silencio de la cúpula pejotista y la unidad alcanzada a regañadientes por los mismos de siempre, así como con la respuesta vacía que Axel Kicillof improvisó esta semana sobre las propuestas de su equipo. Aunque su respuesta fue manipulada y convertida en fake news, esto no excusa que los argumentos del gobernador son consignas viejas y esconden un único y paupérrimo propósito: frenar a Milei.

El libertario, apoyado por el propio peronismo para destruir la alternancia republicana, ha encontrado un electorado cansado de la inflación y la falta de futuro, de la decadencia económica y la inseguridad. Se enfrenta a un Estado que se volvió ausente y mafioso, a un grupo de privilegiados con discurso y carnet, y a un peronismo woke que ha perdido el sentido de la mayoría que lo caracterizaba. Hoy, los líderes que exige Horowicz no aparecen y persiste la superstición de que la torpeza ajena los salvará de sus errores. Si el proyecto consiste en esperar que el enemigo falle, eso significa que no hay proyecto, como se evidenció durante el gobierno de los dos Fernández.

Un peronismo experimental podría renunciar a la cultura movimientista y a la estigmatización de quienes no coinciden con las “veinte verdades”, garantizando políticas públicas consensuadas que estén fuera del péndulo electoral. Podría aceptar una economía mixta, un superávit fiscal y una lucha antinflacionaria como objetivos mínimos. ¿Podría parecerse más al cordobesismo justicialista o al desarrollismo original, y menos al feudalismo pobrista del conurbano? ¿Es posible un peronismo moderno o sigue siendo una utopía?

La hegemonía dentro del movimiento de Perón ha sido un populismo de izquierda. ¿Alguien romperá ese statu quo del pensamiento para generar una renovación virtuosa? Preguntas que nadie parece formularse en vísperas de comicios donde el abstencionismo será protagonista y donde, según los sondeos, lo que pierde el oficialismo probablemente no lo recupere la principal oposición.

Hay desencantados para todos los gustos, y un nuevo segmento desordenado: el kirchnerismo y el mileísmo son máquinas de odio; también están los que odian esos dos fenómenos. Crece el miedo a la dispersión y la búsqueda del voto útil, porque la polarización original está desflecada y aumenta la franja de “adherentes críticos” y de indiferentes.

No llegan los libertarios como habían soñado. El despertar del dólar y otros ruidos de la macroeconomía, la caída del consumo y el estancamiento, la ingobernabilidad parlamentaria y el desgaste del discurso anticasta dificultan una campaña que hace tres meses parecía un picnic. Un peronismo sin renovación y un libertarismo sin nafta se buscarán como fieras en el Coliseo romano, mientras el público observa con fatiga de combate.

Por Jorge Fernández Díaz

Fuente original: ver aquí