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“TÍTULO”: “Desgaste del Gobierno y desafíos de la elección en octubre”,
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El Gobierno evidencia un desgaste en el camino hacia octubre y le cuesta controlar la agenda pública; crecen los desencantados, pero el armado de listas peronistas privilegia la interna.
Al promediar el año, en el Gobierno estaban convencidos de que llegarían a las elecciones nacionales con un impulso vigoroso en materia económica, que les permitiría hacer una campaña basada en resultados muy perceptibles para los votantes. Esto derivaría en una consolidación de la figura de Javier Milei y en un natural fortalecimiento político en el Congreso.
Pero el escenario varió sustancialmente y el proyecto libertario llegará a las urnas al límite en varios planos. Lo más probable, de todos modos, es que le alcance para ganar por un buen margen. Pero estará forzado a una rápida reinterpretación para asumir que sin un replanteo de fondo le resultará muy difícil encarar la segunda mitad del mandato.
El primer plano que está demostrando un estrés excesivo para considerarlo una mera turbulencia preelectoral es el económico. En una misma semana el Gobierno exhibió que, pese a que el dólar subió 13%, la inflación de julio fue de 1,9%; pero al mismo tiempo quedó expuesto en una pelea abierta con los bancos que volvió a sembrar dudas.
La historia se inició hace un mes con una medida que pareció técnica e inocua, que fue el desarme de las LEFI y su consecuente presión sobre el dólar; pero se prolongó hasta estos días con una licitación de deuda que apenas logró una renovación del 61%, lo que demostró el escaso interés de los bancos en el nuevo instrumento lanzado por Luis Caputo.
Quedaron flotando casi 6 billones de pesos, que son una amenaza para el esquema cambiario, razón por la cual el Ministerio de Economía anticipó una suba de los encajes y anunció que mañana realizará otra subasta de Letras, fuera de programa. La consecuencia directa de estas tensiones ha sido la escalada de las tasas de interés y la previsión de un congelamiento de los créditos, lo que impactará en el nivel de actividad económica.
El contraste entre los logros en materia inflacionaria y cambiaria, y los problemas monetarios y financieros, demuestra dónde están las prioridades del Gobierno. Milei bajó la orden absoluta de que se deben tomar todas las medidas necesarias para llegar a octubre con el dólar estabilizado y con índices de precios a la baja. Pero para lograr esa meta se están desarmando otras variables con costos muy altos. Ya no está del todo claro que en estos últimos zigzagueos la sintonía entre el Presidente, el Ministerio de Economía y el Banco Central haya sido absoluta, como siempre la presentan.
El mensaje más preocupante que dejó el episodio LEFI-licitaciones-bancos es que fue una secuencia de traspiés autogenerados, y eso derivó en una percepción en actores del mercado mucho más distante. “Empezamos a no entender a dónde quieren ir Milei y Caputo. Está claro que respetan la disciplina fiscal, y nos parece perfecto; pero no entendemos qué se están imaginando en materia monetaria”, resume un importante operador de bonos.
Esta idea está muy instalada entre los actores del sistema: que Milei generó una grata sorpresa inicial por sus convicciones e ideas, pero que ahora se está haciendo complejo prever la secuencia de su plan. Verbalizan un temor a que la obsesión presidencial por la teoría económica le impida reaccionar ante las dificultades empíricas. Y alimentan estas inquietudes con la incertidumbre por un eventual triunfo kirchnerista en la provincia de Buenos Aires y la posibilidad de un resurgimiento político de Cristina Kirchner.
La elección de octubre puede funcionar como un factor de desgaste o como una oportunidad de reseteo para el Gobierno. Todo dependerá del resultado y de la administración que haga Milei de un eventual triunfo en octubre. Su desafío principal no parece estar enfrente, en sus competidores de la oposición; más bien parece estar agazapado debajo, en una sociedad que necesita ilusionarse con el rumbo económico, pero que por momentos se desanima.
No está claro que los comicios alcancen para barrer con la suma de incertidumbres que se han acumulado en los últimos meses. El Gobierno deberá complementar la gratificación por el resultado con otras ciencias.
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