
No fue fácil encontrar un rato de calma en medio de su ajetreada agenda, pero finalmente, Amador Sánchez Rico, embajador de la Unión Europea en Argentina, recibió a LA NACION en su residencia en el Bajo Belgrano. Tras cuatro años en el país, terminará su misión diplomática y su vida social está llena de despedidas.
El embajador español, de 52 años, describe su cargo como un gran honor y una gran responsabilidad. “Representar los intereses y los valores de 27 países exige una gran labor de coordinación”, afirma. Nacido en Madrid, ha vivido siempre en el País Vasco y ha tenido una carrera notable en la Unión Europea.
-¿En su familia ya se dedicaban a la carrera diplomática?
-No, mi padre es ingeniero industrial, pero del lado de mi madre vengo de una familia muy metida en el tema de aduanas y fronteras. Mi abuelo era agente de aduanas y desde hace 30 años trabajo en la Unión Europea por el objetivo de suprimir las fronteras.
-¿Cuál fue su primer destino?
-Pasé los primeros diez años en Bruselas, y mi primer destino fuera de Bélgica fue como consejero político en Nueva York ante Naciones Unidas.
-¿Se hallaron en el mundo latino?
-Me siento muy identificado con el mundo latino. Llegué en septiembre de 2021, en los últimos coletazos de la pandemia, y me encanta Argentina. Pedí este destino, que es muy codiciado.
-¿Qué características rescata de los argentinos?
-La pasión que le ponen a todo. La forma en que viven el fútbol, la política y la economía es algo que no había vivido en ningún otro lugar.
-De eso estamos bien al tanto. Nos toca hacer las compras por el barrio y lidiar con los cambios económicos. La situación ha mejorado un poco en los últimos cuatro años.
-¿Qué rol llevan adelante entre reuniones y eventos?
-La diplomacia está más a prueba que nunca. En un contexto geopolítico complicado, debemos demostrar nuestro valor y defender nuestros intereses. Hay una gran cercanía y compañerismo entre los embajadores, lo que ayuda en las relaciones entre países.
-¿Cómo es el día a día de un embajador?
-Es un trabajo que me apasiona, que exige mucho relacionamiento y networking. Intento desconectar los fines de semana, aunque siempre hay compromisos. Los domingos jugamos un partido de pádel con otros embajadores.
-Una de las cosas que más me gusta de Argentina es la importancia que se le da a la amistad, reflejada en eventos como el asado. Me ocupo de hacerlos, ya que la cocina es mi pasión.
-Me estoy acostumbrando a la gastronomía de aquí. Al principio fue difícil, pero me encanta el asado y soy un gran apasionado del vino argentino. He notado un crecimiento exponencial en la calidad de los restaurantes desde que llegué.
-Cocino, soy muy bueno haciendo paellas, aunque rara vez como en casa. Desde que estoy aquí, he tomado el hábito de nadar cada mañana en mi piscina, lo que me da un impulso de energía para el día.
-Mi próximo destino es Bruselas, donde llevaré 14 países africanos. Me voy con una configuración familiar diferente, ya que mis hijos están en Madrid y mi esposa irá a Ruanda.
-Al poco tiempo de llegar a Argentina, me di cuenta de que no me iba a aburrir. La actualidad aquí es frenética y ha sido apasionante. Le diría a mi sucesor que aquí todo cambia rápidamente, pero también que, al volver, muchas cosas siguen igual.
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